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Creados Para Crecer

pandevidamcallen
9 sept
6 min de lectura

Si hay algo en lo que Dios se especializa es: En no dejarnos igual a como nos encontró. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 Corintios 5.17. Pero nos encontramos con una realidad: tal vez has tratado de cambiar, de ser mejor, pero nada parece servir. Haces el mejor esfuerzo por corregir, por cambiar, pero parece que esos cambios no funcionan porque regresas al mismo punto. ​Cuando le fallas a Dios: reconoces el error, lo corriges, pero al poco tiempo las mismas fallas reaparecen de nuevo. ¿Cómo no darnos por vencidos en ese proceso? ¿Cómo podemos corregir hábitos, actitudes comportamientos, pecados en mi vida? ¿Cómo llegamos a ser la persona que Dios espera que seamos?


Estas preguntas estaban en el corazón de Pedro, porque sabía que los creyentes estaban enfrentando peligros que los podían alejar de la comunión y de los caminos de Dios. Por eso, no quería dejarles una fe superficial, sino recordarles que la gracia de Dios nos ha sido dada para producir una vida transformada. Todos sabemos que de la misma manera que vemos cambios visibles en el crecimiento de nuestro cuerpo, de la misma manera hay algunos indicadores que nos ayudan a evaluar si estamos comprometidos con el crecimiento o no lo estamos, si estamos estancados o estamos avanzando. Veamos algunas diferencias:

  • Quien está en crecimiento busca conocer más de la Palabra, vivir en la Palabra, transmitir la Palabra. Leer Hechos l7.11.

  • Aquel que no crece no está ni interesado ni comprometido con la Palabra de Dios. Leer Hebreos 5.11.

  • Quien está creciendo espiritualmente comprende que su vida ya no le pertenece. Por eso tiene mucho para dar: se entrega a sí mismo, dispone de sus recursos, ofrece su tiempo y pone su vida al servicio de Dios y de los demás. Leer Lucas 19.8

  • Aquel que no crece en cambio siempre necesita que se le esté dando. Leer Hebreos 5.12.

  • Quien está en crecimiento sabe discernir entre el bien y el mal. Leer Hebreos 5.13-14.

  • Aquel que no crece nunca está seguro, siempre se vive preguntando: «¿Debo hacer esto?, ¿Está mal si hago esto?».


Pedro es muy puntual en decirnos que no habrá crecimiento si no somos sinceros en cuanto a actitudes, hábitos y comportamientos que Dios desea cambiar en nosotros, pero que nosotros nos rehusamos a cambiar. Es por esa razón que Pedro inicia diciéndonos: “vosotros también, poniendo toda diligencia”. (v.5a). Estas palabras están conectadas directamente con lo que acaba de afirmar en los versículos 3 y 4: Dios, por medio de su poder, nos ha concedido todo lo necesario para la vida y la piedad, y nos ha dado sus preciosas y grandísimas promesas. Por tanto, la diligencia del creyente no nace de la autosuficiencia, sino de la gracia que ya hemos recibido.


La expresión «poniendo toda diligencia» comunica la idea de hacer algo con prontitud, seriedad, empeño y dedicación. No admite una actitud pasiva, descuidada o conformista. La Nueva Traducción Viviente lo expresa así: «Esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios». Es decir, no basta con conocer las promesas, admirarlas o repetirlas; debemos vivir de una manera coherente con ellas. La idea tampoco es: «Pastor, voy a echarle ganas», «voy a intentarlo», o «haré lo que pueda, aunque apenas logre pasar». Pedro no presenta el crecimiento espiritual como algo opcional ni como un proyecto que podamos atender únicamente cuando tengamos tiempo o ánimo. Su llamado es mucho más contundente: “pongan en ello toda diligencia; entreguen su mejor esfuerzo”.

Muchas de las cosas a las que hoy dedicamos tiempo y esfuerzo son legítimas, pero temporales: el trabajo, los estudios, las posesiones, la apariencia física y los proyectos personales. Todo eso, tarde o temprano, quedará atrás.


Sin embargo, la obra de santificación que Dios lleva a cabo en sus hijos tiene consecuencias eternas. Como afirma Pablo: «Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria». 2 Corintios 4:17). Lo que Dios está formando hoy en nuestro carácter no termina en esta vida, sino que nos prepara para la gloria eterna. Nosotros no estamos ni indefensos, ni desprovisto, Dios nos ha dado la fe, la salvación, te ha dado Su palabra, Su amor, Su Espíritu Santo mora en ti; Si tienes falta de sabiduría: puedes pedírsela y Dios te la dará; Si tienes temor: puedes refugiarte en Jesús; si tienes un dolor: puedes confiar en Jesús; DIOS TE DICE: te he dado todo, para que ahora tu ejercites el poder que está en ti.

Por esa razón Pedro nos habla de la responsabilidad de cultivar estas siete virtudes para nuestro propio crecimiento espiritual. Y nos da estas siete virtudes para corregir cualquier idea equivocada que nos pueda hacer pensar que solo es necesaria la fe.“Pastor, yo pensaba que, con creer en Jesús, aplaudir y tararear algunas canciones, y luego sentarme a escuchar un sermón era más que suficiente”. NO. Creer en Jesús es el primer paso, pero hay que avanzar. Y es precisamente por la trascendencia eterna de nuestro crecimiento espiritual que Pedro comienza estableciendo el fundamento. Antes de hablarnos de virtud, conocimiento, dominio propio o perseverancia, nos habla de la fe.


Este orden es fundamental para entender el evangelio. Primero está la gracia de Dios; después, nuestra respuesta. Primero, Dios nos llama, nos salva y nos concede sus promesas; después, nosotros procuramos vivir de una manera coherente con esa nueva vida. Y la Palabra de Dios nos enseña que la vida cristiana es, de principio a fin, una vida de fe. Se inicia con una decisión de fe y luego, continúa por fe. “(porque por fe andamos, no por vista)” 2 Corintios 5:7. La fe es un elemento vital para el creyente. Sin ella, nos dice el autor de la carta a los Hebreos que: “Es imposible agradar a Dios”. Hebreos 11:6.  Es más, ​Dios tiene un gran interés en que nos mantengamos en la fe hasta el final. “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”. Lucas 18:8. Jesús nos dice que la virtud que Él desea hallar cuando vuelva por segunda vez, es que sus hijos se mantengan en la fe.

​ Sin embargo, Pedro no quiere que entendamos la fe como algo religioso, estático o improductivo. Cuando dice que debemos «complementar» nuestra fe, no está insinuando que la obra de Cristo sea incompleta ni que debamos añadir algo para terminar nuestra salvación. Lo que Pedro enseña es que la fe verdadera debe expresarse y desarrollarse en una vida transformada. Podríamos decirlo así: la fe es la raíz, y las cualidades que Pedro mencionará son el fruto. El fruto no le da vida a la raíz, pero demuestra que la raíz está viva.

De la misma manera, la virtud, el conocimiento, el dominio propio y el amor no nos salvan, pero evidencian que la fe que profesamos es auténtica y que la gracia de Dios está obrando en nosotros. La pregunta es: ¿Esa fe está produciendo una respuesta visible en tu vida? ¿La fe en Dios está transformando mis pensamientos, mis deseos, mis decisiones y la manera en que trato a los demás?


Después de establecer la fe como fundamento de la vida cristiana, el apóstol nos enseña que esa fe debe manifestarse en una vida caracterizada por la virtud y el conocimiento. La palabra traducida como «virtud» puede comunicar la idea de excelencia, valor moral o una cualidad digna de aprobación. En el pensamiento de aquella época también describía la excelencia de algo que cumplía adecuadamente el propósito para el cual había sido creado. La virtud describe una vida que, por la gracia de Dios, comienza a cumplir el propósito para el cual fue redimida: glorificar a Dios y reflejar el carácter de Cristo. La virtud cristiana es la disposición a escoger lo que honra a Dios.

El término «conocimiento» en este contexto no se refiere a la simple acumulación de información religiosa ni a una curiosidad intelectual. Se trata de un conocimiento de la verdad revelada por Dios que forma el discernimiento y orienta la conducta. Pero este conocimiento tampoco debe quedarse en la cabeza. En la Biblia, conocer la verdad implica recibirla, amarla, obedecerla y ser transformados por ella. Una persona puede conocer muchos conceptos teológicos y, sin embargo, continuar siendo orgullosa, impaciente, áspera o indulgente con su pecado. Cuando el conocimiento bíblico es genuino, no solamente aumenta nuestra información, también profundiza nuestra adoración, expone nuestro pecado y nos conduce a depender más de Cristo.


En conclusión, Pedro nos recuerda que la fe verdadera no permanece estancada: produce una vida que busca agradar a Dios y que se deja dirigir por la verdad de su Palabra. Reflexionemos en estas preguntas: Si alguien observara mi manera de vivir, ¿Encontraría evidencias de que mi fe está creciendo o solamente escucharía que digo que creo en Dios? ¿Qué cambio concreto debo comenzar a buscar esta semana para que mi fe no permanezca estancada, sino que produzca una vida que agrade a Dios?

 
 
 

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