Crecer Sin Olvidar La Gracia

Pedro escribe esta carta para animar a los creyentes a crecer en el conocimiento de Jesucristo y advertirles del peligro de apartarse de la verdad. Y anuncia que habrá falsos maestros entre ellos, quienes introducirán enseñanzas destructoras dentro de la iglesia. Ante este peligro, los llama a permanecer firmes y a cultivar una fe que dé fruto. Leer 2 Pedro 2.1. Pero el peligro no se limitaba a lo que estos falsos maestros enseñaban; también incluía la manera en que vivían y la influencia que ejercían sobre otros. Con sus palabras y su ejemplo, seducían a personas inconstantes y las arrastraban al pecado. Leer 2 Pedro 2.14. Tal vez, al leer este versículo, alguno piense: “Pastor, que Dios me guarde, pero yo jamás seguiría a alguien así. Ni siquiera le prestaría atención”. Hermanos, todos quisiéramos poder decir eso con seguridad.
Pero detengámonos un momento: Pedro advierte que muchos los seguirán. El engaño no siempre se reconoce a primera vista, y ninguno de nosotros debe pensar que está por encima de esta advertencia: “Habrá muchos que seguirán sus malas enseñanzas y su vergonzosa inmoralidad; y por culpa de estos maestros, se hablará mal del camino de la verdad”. 2 Pedro 2.2. (NTV). Y si muchos serán engañados, no creen que es importante el que no confiemos demasiado en nuestra capacidad para reconocer el engaño. Debemos de estar en estado de alerta, porque no serán unos cuantos los que caigan en el error, será un grupo numeroso de creyentes que decían creer en Dios y seguir el camino de Dios, y que por causa del error terminaran abandonando a Dios.
Por eso, después de recordarnos lo que Dios nos ha concedido por su poder y sus promesas, Pedro nos dice: “En vista de todo esto, esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios”. (v.5a). Es decir, la gracia que hemos recibido nos mueve a responder con diligencia. Y Pedro presenta siete virtudes que debemos cultivar junto con nuestra fe. Virtudes que deben ir creciendo en nosotros y hacerse visibles en la manera en que pensamos, hablamos y tratamos a los demás. Al cultivarlas, maduramos como creyentes y contribuimos al crecimiento de toda la iglesia. “Pastor, ¿por qué es tan importante cultivar estas virtudes?”. Pedro nos responde: “Haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (v. 10). No está diciendo que nunca tendremos una lucha, una duda o una caída en pecado. Nos está llamando a perseverar, y nos muestra cómo Dios a medida que crecemos nos afirma en sus caminos. Es decir: si llega la adversidad: no nos desanimaremos; si la atracción del mundo se hace cada vez más fuertes: Estaremos firmes; si la tentación nos acorrala: Venceremos; si la duda se presenta: Estaremos confiados; si la persecución se presenta: no volveremos atrás. Entonces, la pregunta es: ¿Qué tenemos que seguir haciendo para seguir creciendo?
1. Debemos estar siempre Activos: (v.8a)
Fijémonos en estas palabras: “Si estas cosas están en vosotros, y abundan”. Pedro habla de las frutos que deben de ser cultivadas: Virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. Hermanos, podemos llevar muchos años en la iglesia y todavía resistirnos a que el Señor trate con ciertas áreas de nuestro corazón. Podemos conocer la doctrina cristiana y, sin embargo, seguir alimentando el mismo resentimiento, justificando el mismo mal carácter o posponiendo la misma obediencia. Por eso debemos preguntarnos: ¿Mi vida está dando frutos? Porque, cuando están presentes y aumentan, no nos dejan estar ociosos.
Aquí la actividad va mucho más allá de tener una agenda llena de compromisos en la iglesia. Porque podemos estar ocupados en muchas cosas y descuidar nuestra comunión con el Señor. La actividad de la que habla Pedro nace de una fe que se expresa en obediencia: Del dominio propio que se ejercita cuando el enojo toma fuerza, o cuando la tentación se presenta; así mismo, la paciencia crece cuando la espera se alarga y seguimos confiando en él. El afecto fraternal se hace visible cuando nos acercamos al hermano que necesita compañía. Y el amor se pone en práctica cuando servimos aun cuando nadie nos ve ni nos agradece. Es allí, en lo cotidiano, donde tenemos que seguir creciendo. En casa, cuando estamos cansados. En una conversación difícil, cuando alguien nos corrige, cuando tenemos la oportunidad de ayudar y hacerlo nos cuesta.
Pero, además, Pedro está preocupado de que los creyentes descuiden y se vuelvan ociosos en términos espirituales. La palabra “ociosos” comunica la idea de estar inactivos o ser ineficaces. La expresión que sigue, “sin fruto”, completa el pensamiento: Pedro quiere que el conocimiento de Cristo tenga resultados visibles. Ahora, hermanos, no tomemos a la ligera la pereza espiritual. Todos hemos tenido días de cansancio, momentos en los que necesitamos detenernos y descansar. El descanso tiene su lugar. Pero aquí estamos hablando de algo que merece nuestra atención: acostumbrarnos a dejar para después lo que hoy debemos hacer delante del Señor. Porque sucede que poco a poco, comenzamos a tolerar lo que antes nos preocupaba. Seguimos con nuestra rutina, pero prestamos cada vez menos atención a nuestro corazón. Y ese descuido trae consecuencias.
¿Recuerdan al rey David? Tal vez es una de las historias más dolorosas que nos ilustra los resultados más terribles de estar ocioso (2 Samuel 11). La historia nos dice que era el tiempo en que los reyes salían a la guerra. Aunque el pasaje no dice que la pereza fuera la única causa de su pecado, si nos muestra que David no estaba cumpliendo con su responsabilidad. A partir de ahí, David fue tomando decisión tras decisión que lo hundía más y más en su pecado. Por eso, al hablar de ociosidad espiritual, preguntémonos: ¿qué estoy descuidando? ¿Qué deseo estoy alimentando? ¿Qué advertencia estoy pasando por alto?
2. Se Requiere Cultivar Una Visión 20/20: (v.9)
Tener una visión 20/20 equivale a tener una visión perfecta, se trata de una visión que se encuentra saludable. En términos espirituales tener una visión saludable es tener la capacidad de discernir entre el bien y el mal.Por eso, en el versículo 9, Pedro relaciona la falta de visión con haber olvidado la purificación de nuestros pecados. Hermanos, cuando perdemos de vista la gracia que hemos recibido, también se altera nuestra manera de ver el pecado: comenzamos a justificar aquello de lo que Cristo vino a limpiarnos. Por eso, cultivar una visión espiritual saludable implica mantener presente lo que el Señor ha hecho por nosotros.
Recordar su perdón nos ayuda a reconocer la gravedad del pecado, a valorar su misericordia y a caminar en obediencia. Por eso Pedro vincula este olvido con la ausencia de las virtudes que acaba de mencionar. Podemos ver cómo se expresa en la vida diaria: nos cuesta mostrar misericordia porque dejamos de tener presente cuánta misericordia hemos recibido; alimentamos el orgullo porque olvidamos que dependemos enteramente de la gracia; consentimos nuestros deseos porque perdemos de vista que hemos sido llamados a una vida santa.
Hermanos, necesitamos detenernos ante la cruz. Allí vemos cuánto aborrece Dios el pecado y cuánto nos ha amado al entregar a su Hijo por nosotros. Nuestro perdón tuvo un costo que jamás habríamos podido pagar. Por eso, cuando Pedro habla de recordar nuestra purificación, hay una aplicación muy concreta: vivir hoy teniendo presente el sacrificio de Cristo en la cruz. Pablo desarrolla esta misma verdad: Leer Tito 2:14 Cristo se entregó por nosotros para redimirnos de la maldad y purificar un pueblo suyo, dispuesto a hacer el bien. Así que, la gracia que nos recibe también es la gracia que nos enseña a vivir. Preguntémonos entonces: ¿Qué estoy tolerando hoy que debería llevar delante del Señor en arrepentimiento? ¿Cómo cambiaría mi respuesta si tuviera más presente la misericordia con la que él me ha tratado?
3. Con la Esperanza Puesta en Dios:
Después de exhortarnos a crecer y advertirnos del peligro del descuido, Pedro dirige nuestra mirada hacia el destino que nos espera: el reino eterno de Jesucristo. Leer 2 Pedro 1.10-11. El objetivo de Pedro es que no solo caminemos con diligencia, sino también con esperanza. Hay luchas que enfrentar, pecados que abandonar y virtudes que cultivar. Y todo ese camino tiene un propósito: estar para siempre con nuestro Salvador. Pero antes nos dice: “Procurad hacer firme vuestra vocación y elección”.¿Qué significa esto? Que nuestra obediencia da evidencia de que esa gracia está obrando en nosotros. En otras palabras, hay una lucha que es real, y en medio de ella podemos apoyarnos en la gracia de Dios. El creyente verdadero todavía enfrenta tentaciones y puede caer en pecado; pero se arrepentirse y sabe que puede continuamente acudir a la gracia del Señor. Pedro añade: “Haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.
Esa esperanza nos motiva a seguir creciendo y obedeciendo. Hermanos, habrá días en que crecer nos cueste. Pedir perdón nos dolerá en el orgullo. Resistir la tentación exigirá renunciar a algo que deseamos. Permanecer fieles quizá nos traiga oposición. En esos días, recordemos hacia dónde vamos. Las dificultades presentes tienen un límite; el reino de nuestro Salvador es eterno.


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