Hoy Es El Día Perfecto Para Regresar

Santiago 5:19-20 no solo nos revela el llamado de la iglesia a rescatar al pecador, sino también la responsabilidad del pecador a volver. Porque nadie puede regresar al camino mientras siga justificando sus pecados. Volver implica reconocer la verdad, confesar el pecado sin excusas y abrazar la gracia que solo Dios ofrece al que se humilla. Santiago no presenta al pecador como un espectador pasivo, sino como alguien que tiene la responsabilidad de responder a la verdad que lo confronta. Porque ninguna corrección, por más amorosa y bíblica que sea, puede surtir efecto si el pecador se aferra en su engaño.
Santiago nos recuerda que cuando un creyente se ha apartado del camino, su regreso no es el resultado de un buen consejo, ni de un llamado amable a volver a la iglesia. No. El verdadero retorno ocurre cuando Dios mismo irrumpe en la historia del pecador. Es cuando el corazón endurecido finalmente se quiebra, cuando la conciencia dormida despierta. El pecador regresa cuando el Espíritu Santo le da la valentía de mirarse en el espejo de la Palabra y ve su pecado tal y como Dios lo ve. Allí comienza el camino de vuelta. No es solo un movimiento del hombre hacia Dios, sino la gracia de Dios empujándolo suavemente hacia la verdad. Y cuando eso sucede, no hay excusa que valga, no hay orgullo que resista, no hay tiniebla que permanezca.
Porque cuando el Espíritu despierta el corazón, el pecador no solo vuelve… corre. Corre al Dios que lo confronta, pero que también lo abraza. Corre al Dios que revela el pecado, pero al mismo tiempo le perdona su pecado. En la clase pasada les decía, que hay dos grandes obstáculos que enfrenta la persona que se ha apartado de los caminos de Dios para regresar. (1) Tener un concepto equivocado del pecado; y (2) es consecuencia del primero, al no tener un concepto correcto del pecado, no ve la necesidad de arrepentirse. Pero antes déjame les recuerdo el primer error:
1. El tener un concepto equivocado del pecado.
Tanto para los que se han salido del camino, como para los que estamos en el camino, tenemos que tener bien claro el concepto de pecado, los alcances del pecado y las consecuencias que causa el pecado. Este entendimiento es crucial, porque vivimos en una sociedad que, bajo la excusa de la libertad, bajo el disfraz de los derechos y sostenida por la mentira de muchas ideologías, ha normalizado el pecado. Por pecado nosotros entendemos que es toda transgresión de la voluntad de Dios, ya sea que se trate de no obedecer lo que Dios ha establecido en Su palabra, o dejar de hacer lo que Dios dice que debemos de hacer.
El pecado no es simplemente “cometer errores”, sino una realidad mucho más profunda: Es una rebelión en contra de un Dios santo, es una transgresión de su voluntad, pero además es la evidencia de un corazón corrupto. “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. Marcos 7.21-23.
Por lo tanto, el pecado produce separación y rompe nuestra comunión con Dios (Isaías 59.9); el pecado esclaviza (Juan 8.34); el pecado endurece el corazón (Hebreos 3.13), el pecado produce muerte (Romanos 6.23). Y otro de sus efectos es que el pecado puede disminuir nuestra capacidad de reconocerlo como pecado. Por eso una persona necesita que otro hermano la ayude a regresar, exactamente como describe Santiago 5:19–20.
Si no entendemos la gravedad del pecado, tampoco entenderemos la urgencia de regresar. Pero cuando contemplamos nuestra condición a la luz de la santidad de Dios, el arrepentimiento deja de parecer una exageración y comienza a verse como lo que realmente es: una gracia de Dios que nos llama de regreso a Él.
2 .No ver la necesidad de arrepentirse:
Cuando se pierde la conciencia de lo que significa el pecado, el corazón comienza a endurecerse y el pecado deja de doler. Entonces surge un peligro aún mayor: empezar a tratar a Dios como un cómplice silencioso de los pecados, se cae en el grave error de pensar que la gracia de Dios puede estirarse hasta convertirse en indulgencia, y que la misericordia divina puede ser usada como permiso para el libertinaje. Pero la gracia verdadera no encubre el pecado; lo confronta, lo desnuda y llama al corazón a volver a Dios. “Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa?¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado?”. Romanos 6.1-2.
Claramente Pablo rechaza la idea de creer que la gracia de Dios pueda convertirse en una herramienta de inmunidad para pecar. La gracia de Dios no es un cheque en blanco que justifique una vida desobediente, ni una puerta abierta para que vivamos sin considerar las consecuencias de nuestro pecado.
La gracia de Dios nunca ha sido una excusa para pecar, sino el poder que nos capacita para dejar de pecar. “Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas. Y se nos instruye a que nos apartemos de la vida mundana y de los placeres pecaminosos. En este mundo maligno, debemos vivir con sabiduría, justicia y devoción a Dios”. Tito 2.11-12 (NTV).
Arrepentirse es un término que muchas veces no se entiende muy bien. El problema es que se piensa que la base del arrepentimiento es la culpa, y para que alguien busque el arrepentirse tiene que tener mucha culpa. Pero el arrepentimiento no se basa en la cantidad de culpa sino en nuestra necesidad. ¿Cuál necesidad? Que somos pecadores, y que nuestro pecado nos aleja de Dios. Déjeme decirle lo que no es arrepentirse, y a medida que avanzamos iremos entendiendo lo que sí es el verdadero arrepentimiento.
A. El arrepentimiento no es vivir en un círculo vicioso:
Es muy posible que las personas reconozcan la necesidad de arrepentirse, pueden hasta derramar lágrimas por causa del pecado y, sin embargo, con todo eso, su arrepentimiento no es sino lágrimas de cocodrilo porque regresan otra vez a sus pecados habituales.
B. El arrepentimiento no es negociar con Dios:
Uno de los errores más comunes —y más sutiles— es pensar que el arrepentimiento consiste en hacer tratos con Dios. Como si el pecado pudiera resolverse con promesas, acuerdos o condiciones. David no dijo: “Señor, si me sacas de esta, nunca más lo vuelvo a hacer.” David si dijo: “Tú no deseas sacrificios; de lo contrario, te ofrecería uno. Tampoco quieres una ofrenda quemada. El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios". Salmos 51.16-17
C. “Arrepentirse no es sentirse mal por lo que hice.”
Sentirse triste no es necesariamente arrepentirse. Judas sintió remordimiento después de entregar a Jesús, pero su tristeza no lo llevó a volver a Dios (Mateo 27:3–5).
Pablo distingue entre la tristeza del mundo y la tristeza según Dios: “La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación”. 2 Corintios 7:10. El arrepentimiento verdadero no es solamente sentir dolor por el pecado; es abandonarlo y buscar a Dios.
D.“Arrepentirse no es tener miedo de las consecuencias.”
Una persona puede lamentar haber sido descubierta, haber perdido algo o estar sufriendo consecuencias, sin lamentar realmente haber ofendido a Dios. Faraón varias veces reconoció su pecado cuando llegaron las plagas, pero cuando la presión desaparecía, endurecía nuevamente su corazón (Éxodo 9:27, 34). No es lo mismo lamentar las consecuencias del pecado que lamentar el pecado mismo.
E. “Puedo arrepentirme cuando quiera.”
Esta es una de las ideas más peligrosas. El pecado endurece el corazón. Hebreos 3:13 advierte que podemos ser endurecidos “por el engaño del pecado”. Por eso Hebreos 3:15 dice: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.”
F. "Hay pecados demasiado grandes para que Dios me reciba otra vez.”
Esto parece humildad, pero en realidad puede convertirse en incredulidad hacia la suficiencia de Cristo. David pecó gravemente y encontró misericordia al confesar su pecado (Salmo 51). Pedro negó a Cristo y fue restaurado (Juan 21:15–19). La gravedad de nuestro pecado nunca supera la suficiencia de la obra de Cristo.
¿Qué es el arrepentimiento? El arrepentimiento bíblico es una obra de la gracia de Dios por la cual una persona, al reconocer verdaderamente su pecado, abandona su pecado y regresa a Dios con fe, confesión y un deseo sincero de obedecerle. El arrepentimiento implica un cambio de mente, de corazón y de dirección. Proverbios 28:13 lo resume muy bien: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”


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