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Hoy Es El Día Perfecto Para Regresar

pandevidamcallen
19 ago
6 min de lectura

Al llegar al final de su carta, después de hablar de pruebas, tentaciones, dominio de la lengua, sabiduría, humildad, paciencia y oración, Santiago termina poniendo su mirada en algo profundamente pastoral: qué hacemos cuando un hermano comienza a desviarse de la verdad. Santiago nos dice que Dios nos ha puesto en la iglesia para caminar juntos, animarnos, corregirnos y, cuando sea necesario, ir tras aquel que se está alejando.

Una de las grandes responsabilidades que Dios ha confiado a su iglesia es buscar, cuidar y procurar restaurar a quienes comienzan a apartarse de la verdad. La iglesia no puede mirar con indiferencia al hermano que se está desviando; el amor verdadero no solamente acompaña, también advierte, corrige y procura restaurar. Pablo dice: “si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre” (Gá. 6:1).

No hay discusión en que la salvación es única y exclusivamente por la gracia de Dios a través de la obra de Cristo (Efesios 2.8-9), pero al mismo tiempo, Dios ha querido que los cristianos hagamos parte de ese proceso. Esta verdad resuena en toda la Escritura con una seguridad inquebrantable. (2 Corintios 5.20; Judas 22-23). En otras palabras, el camino hacia la eternidad no es un viaje en soledad; es una obra que Dios realiza a través de la comunidad de la fe.  

La iglesia es un instrumento escogido por Él para animarnos, levantarnos, y si nos hemos descarriados, traernos de vuelta. Dios es soberano, y Él es quien preserva la salvación de Sus hijos; pero Su cuidado se manifiesta a través de una familia espiritual que se ama, se cuida, se vigila y se restaura mutuamente.


Si tuviéramos que resumir todo el capítulo 5 de Santiago en una sola frase, quizá bastarían estas cinco palabras: NO TE ALEJES DE DIOS. Porque detrás de cada exhortación, hay una misma preocupación pastoral: que el creyente permanezca firme, cerca del Señor y aferrado a la verdad. “¿Está alguno entre vosotros afligido?” NO TE ALEJES DE DIOS Haga oración”. (v.13) Estamos en enfermedad: NO TE ALEJES DE DIOS “Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él”; cuando le fallamos a Dios, NO TE ALEJES DE DIOS: Pídele perdón a Dios porque “Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”. (v.15). Si dentro de la iglesia los hermanos se han lastimado: NO TE ALEJES DE DIOS “y orad unos por otros, para que seáis sanados”. (v.16) Oración, oración, oración, en otras palabras: NO TE ALEJES DE DIOS. Y ahora Santiago nos dice: “Hermanos en Cristo, si alguno de ustedes deja de confiar en la verdad que ha aprendido...” NO TE ALEJES DE DIOS.


En las anteriores clases, les decía, que el alejamiento de Dios es fácil de identificar en otros, pero que es sumamente difícil reconocerlo en uno mismo. El distanciamiento de Dios no siempre se manifiesta de forma evidente, ni mucho menos pasa, que un día despertamos y decidimos alejarnos de Dios… no. Es más sutil, más silencioso. Por lo tanto, no podemos tapar el sol con un dedo y decir: “Eso a mí no me puede suceder”. “Así que, el que se sienta muy seguro y firme, cuídese de no caer”. 1 Corintios 10.12 (PDT). Pastor, eso lo entiendo, entiendo el sentido de urgencia de Santiago, de Pablo, incluso entiendo el sentido de urgencia de parte suya, pero ¿Por qué somos tan vulnerables a abandonar a Dios?


1.Un corazón que se descuida, se endurece, y un corazón endurecido se aleja de Dios:

​ “Por lo tanto, amados hermanos, ¡cuidado! Asegúrense de que ninguno de ustedes tenga un corazón maligno e incrédulo que los aleje del Dios vivo”. Hebreos 3:12. El autor de Hebreos nos da un golpe de realidad y nos dice: que el mayor peligro no está fuera… está dentro. El abandonar a Dios no comienza con actos determinados y temerarios, sino con inclinaciones pequeñas del corazón. Primero toleramos lo que antes condenábamos como pecado. Permitimos que la rutina enfrie y secuestre la pasión por Dios, esa fe que antes ardía… ahora se transforma en un ritual dominical frío y mecánico. Haces lo mismo, dices lo mismo, cantas lo mismo… pero sin pasión. Y finalmente le damos la espalda a Dios.

Tomemos de ejemplo el Covid 19. La pandemia dejó al descubierto algo doloroso: muchos se enfriaron espiritualmente, abandonaron la comunión con la iglesia y poco a poco se fueron alejando del Señor. Pero Santiago no nos permite mirar solamente hacia los que se fueron; también nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. Porque nosotros seguimos aquí, pero vivimos en medio de una sociedad que se desmorona moralmente, rodeados de violencia, muerte, guerras, crisis de toda clase. Y en medio de todo eso, la pregunta no es solamente si todavía vienes a la iglesia. La pregunta es mucho más profunda: ¿Qué tan firme estás? ¿Qué tan sólido es hoy tu compromiso con Dios? Pastor, ¿Qué tenemos que hacer? “No dejemos de reunirnos, como algunos acostumbran hacer, sino animémonos unos a otros...”. Hebreos 10.25.


2.Cuando Permitimos Que Otras Cosas Tomen El Lugar De Dios:

​ Muchas veces deseamos estar bien cerca de Dios, ¡y eso es bueno! pero si ese deseo no se traduce en un compromiso serio, que este acompañado de las disciplinas cristianas, (Disciplinas como la oración, de estar conectado con un grupo de estudio bíblico, congregarte, servir con tus habilidades y dones; ayunar, y compartir a otros el evangelio de Cristo). Si ese deseo no tiene esos ingredientes, vamos a estar permitiendo que otras actividades, metas, preocupaciones o placeres se conviertan en lo más importante, y de esa manera Dios es sustituido y desplazado del primer lugar.

La pregunta seria: Será que podemos ser capaces no solo identificar qué cosas son las que están rivalizando con Dios, sino sacarlas por completo de nuestra vida para que Dios ocupe el lugar que le corresponde. Piensa en aquellas cosas que consumen tu tiempo, cosas que agotan tus fuerzas, desvían tus recursos y terminan quitándote el enfoque.  Y cuando algo más toma el lugar central que solo Dios debe ocupar, nuestra vida espiritual comienza a debilitarse. Y la razón es porque mientras que el corazón tenga sustitutos, Dios seguirá estando ausente.

¿Recuerdan al joven que se le acerca a Jesús en Lucas 18? y le dice: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para asegurarme de que tendré la vida eterna?”. Porque he cumplido todos los mandamientos desde muy joven.  Y Jesús quien conoce lo que hay en nuestro corazón le dice: “Hay una cosa que todavía no has hecho. Anda y vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme”. Lo que nos pide Cristo es correcto, porque mientras haya otras cosas que dominan tu tiempo, tus energías, tus capacidades aparte de Dios, será imposible el poder mantener una relación con Dios sincera, solida, dinámica y constante. La historia termina con el joven afligido por la respuesta de Jesús. El joven dio media vuelta, y se marchó triste porque tenía muchas posesiones.

Jesús apunto directamente al corazón de este joven; porque cuando le pidió ante sus ojos el ídolo que tenía atrapado su corazón, inmediatamente quedo al descubierto la verdadera condición de su corazón. La pregunta clave es: ¿Qué es lo que Dios te ha pedido que sueltes, y no lo has querido soltar? Es una persona, es una actividad, es un dolor del pasado, es una decisión fallida. ¿Había algo malo en la riqueza que poseía este joven? Claro no, pero Jesús nos revela algo más profundo: “Las mejores cosas de la vida, son muchas veces los mayores obstáculos para estar cerca de Dios”


La pregunta para terminar es: ¿Cómo no abandonar a Dios?

1. Tenemos que cuidar nuestro corazón:

Cuando Cristo no es el centro, cualquier cosa puede convertirse en el eje de tu vida. Pero un corazón enfocado en Jesús permanece firme, aun cuando todo alrededor se mueve. “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida”. Proverbios 4.23 (NTV).

2. Dios tiene que tomar el primer lugar de tu corazón:

No basta con decir que Dios es importante; Él debe ser la prioridad suprema. Si algo rivaliza con Él, tarde o temprano te desviarás. Escúchame muy bien lo que te voy a decir:  Dios no pide un espacio… pide el trono de tu corazón. Leer Mateo 22.36-38.

3. Entender que más que una religión, la vida cristiana se trata de una relación dinámica con Jesús.

La vida cristiana es caminar diariamente con Jesús, escucharlo, obedecerlo y disfrutar Su presencia. Una relación viva es la mayor protección contra el abandono espiritual. Mis hermanos, Dios no abandona a los suyos… pero los suyos deben decidir no abandonar a Dios. Así que hoy, antes de cerrar este tiempo, quiero invitarte a hacer algo muy sencillo, pero profundamente real: Revisa tu corazón. Revisa tu enfoque. Revisa tus prioridades. Y si descubres que te has estado alejando, aunque sea un poco, que estas vulnerable, aunque sea un poco… hoy es el día perfecto para volver.

 
 
 

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