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No Mientas, Cristo Viene Pronto

pandevidamcallen
11 may
6 min de lectura

Vivimos en una cultura que cree que está bien mentir. Según un sondeo de opinión, los hombres dicen 3 mentiras diarias, mientras que las mujeres mienten 2 veces al día. De acuerdo a la revista Psychology Today [Sicología hoy], las mentiras están por todas partes. La encuesta dice que mucha más gente han engañado más a su cónyuge que al IRS. Otra encuesta dice que casi la mitad de las personas entrevistas predicen que si le hicieran un golpe a otro automóvil en el estacionamiento probablemente se alejarían sin decírselo a nadie; aun cuando la amplia mayoría, el 89% concuerdan en que sería inmoral.

Así que, este tema se convierte en un gran desafío porque vivimos en un mundo que promueve la mentira, vivimos en una cultura que cree que está bien mentir. Sin embargo, miren como lo miren, justifíquelo como quieran justificarlo, la mentira es pecado, y es un pecado muy serio. “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” Apocalipsis 21.8

¿Por qué tanta severidad? ¿Por qué un castigo tan fuerte? Por una razón, porque la falta de veracidad es absolutamente contraria al carácter, naturaleza y personalidad de Dios. “Dios no es hombre, para que mienta,Ni hijo de hombre para que se arrepienta.Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?“. Números 23.19. Y una de las declaraciones más poderosas acerca de Cristo, la hace el profeta Isaías: “nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.” (Isaías 53.9). Jesús fue veraz, cada palabra suya fue precisa, jamás oculto la verdad, nunca evadió la verdad. Sencillamente Cristo siempre dijo la verdad.

Es por esa razón que Santiago nos advierte ante el inminente regreso de Cristo, que nuestras vidas estén libres de mentiras y engaños. Santiago ha pasado de instruirnos acerca de cuál debe de ser nuestra preparación ante la proximidad del regreso de Cristo en Victoria, a exhortarnos a abandonar ciertas actitudes: (1) La queja; (2) los juramentos; y ahora, (3) las mentiras.


Recordemos que Santiago le está escribiendo a la iglesia, y eso es algo que no debemos pasar por alto. Porque cuando hablamos de honestidad, no estamos tratando simplemente con un asunto individual o privado. La falta de verdad en la vida de un creyente siempre termina afectando a otros. Afecta la confianza, afecta las relaciones, afecta la unidad y también afecta el testimonio de la iglesia. Por eso, hermano, tu honestidad no es solamente algo entre tú y Dios; también tiene que ver con nosotros como cuerpo de Cristo. Cuando tú caminas en verdad, ayudas a fortalecer la comunión. Pero cuando la mentira encuentra lugar en el corazón, aunque parezca pequeña o inofensiva, poco a poco va debilitando aquello que Dios quiere construir entre nosotros.

Es triste cuando uno escucha a alguien decir: “Yo no contrato a cristianos, porque son mentirosos; no cumplen, prometen venir y no vienen, dicen que van a hacer algo y no lo hacen”. Y tal vez esa persona tuvo una mala experiencia con un solo creyente, pero por causa de uno se termina manchando el testimonio de muchos. Cuando un cristiano falta a la verdad, no solo se pierde la credibilidad él; también puede afectar la manera en que otros miran a la iglesia, al evangelio y al nombre de Cristo. Por eso no podemos engañarnos al pensar que nuestras mentiras son un asunto privado o que solo nos afectan a nosotros. Cada vez que un creyente decide no caminar en integridad, el testimonio de todos puede quedar herido.

Considera a Jacob, quien engañó a su padre Isaac fingiendo ser Esaú para recibir la bendición de la primogenitura, ¿A quién dañó? A toda su familia.  Giezi siervo de Eliseo, que mintió para obtener dinero y riquezas; ¿A quién dañó?: La lepra de Naamán no solo contagió a Giezi sino a toda su descendencia para siempre; Ananías y Safira quienes mintieron al Espíritu Santo cuando trataron de engañar a Pedro, ¿A quién dañó?: Los dos murieron de manera inmediata por su engaño. Por eso la mentira no es algo pequeño.

Una mentira puede destruir una amistad, enfriar una relación familiar, dividir una iglesia, dañar un matrimonio, afectar un ministerio o manchar un testimonio que tomó años construir. A veces el que miente piensa que está protegiéndose, pero en realidad está sembrando una semilla de dolor que tarde o temprano dará fruto. Y cuando ese fruto aparece, no solo lo cosecha él; también lo terminan cosechando su familia, sus hermanos, sus amigos y la iglesia.


Por lo tanto, cuando Santiago nos habla de la honestidad en el contexto de la venida de Cristo es porque la esperanza del regreso del Señor no solo debe hacernos levantar nuestros ojos al cielo, también debe ordenar nuestra vida aquí en la tierra. El creyente que espera a Jesús no puede vivir jugando con la mentira, porque sabe que el Juez está a la puerta y que un día toda palabra será puesta delante de Él. Por eso, mientras esperamos su venida, nuestra boca debe reflejar que pertenecemos al Reino de la verdad.

Santiago quiere que tengamos presente que no estamos simplemente tratando con relaciones humanas, negocios, palabras o promesas; estamos viviendo delante del Señor que conoce la verdad de nuestro corazón. La segunda venida no solo debe producir esperanza; también debe producir santidad. Así que el creyente que espera a Cristo no puede vivir acomodándose a la mentira, al engaño, a las medias verdades o a las promesas que no piensa cumplir. Porque la venida de Jesús nos recuerda que un día todo será traído a la luz. Lo que los hombres no vieron, Cristo lo vio. Lo que otros no pudieron comprobar, Cristo sí lo sabe.


Santiago le está escribiendo a una iglesia que estaba sufriendo, esperando, siendo presionada. Y cuando una persona está bajo presión, una de las tentaciones más comunes es usar la mentira para escapar, para protegerse, para evitar consecuencias, para quedar bien o para ganar ventaja. Por eso Santiago les dice que, mientras esperan al Señor, no deben permitir que la presión de la vida dañe la integridad de su palabra. “sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.”

En otras palabras, Santiago une la segunda venida con la honestidad porque la espera de Cristo debe purificar nuestra manera de hablar. Si el Juez está a la puerta, no podemos vivir con una lengua dividida, diciendo una cosa y haciendo otra.  La iglesia que espera al Señor debe ser una iglesia donde la verdad se ama, se habla y se practica. Entonces, si el Señor viene, y si el Juez está a la puerta, ¿Cómo evitamos las mentiras?

1.Determina vivir en la verdad:

Vivir en la verdad comienza cuando dejamos de tratar la mentira como una salida conveniente y empezamos a verla como Dios la ve. “El Señor aborrece a los mentirosos, pero le agradan los que viven en la verdad.” Proverbios 12.22 (NBV) ¿Saben que es lo más peligroso de la primera mentira? Que la segunda será mucho más fácil de decirla. Leer Proverbios 12.19

Que nuestro “sí” sea “sí” significa que cuando afirmamos algo, lo hacemos con sinceridad, responsabilidad y compromiso. Y que nuestro “no” sea “no” significa que no usamos dobles intenciones, medias verdades ni respuestas ambiguas para quedar bien con todos.


2.Siempre encare las situaciones de la vida con la verdad.

La cura para el engaño es sencillamente esta, diga siempre la verdad. “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” Efesios 4.25. Pablo nos recuerda que la verdad no es opcional en la vida cristiana; es parte de la nueva vida que hemos recibido en Cristo. El creyente no debe esconderse detrás de excusas, apariencias, medias verdades o silencios convenientes, sino aprender a enfrentar cada situación con honestidad. ¿Se halla usted en un dilema, preguntándose si debería decir la verdad o no?

La pregunta para hacerse en tales momentos es: ¿Bendecirá Dios mi engaño? ¿Bendecirá Dios, quien aborrece la mentira, un trabajo realizado sobre las mentiras? ¿Acudirá Dios en auxilio de un mentiroso? Por lo tanto, siempre encare las situaciones de la vida con la verdad.

3. Pesa en balanza las consecuencias que trae la mentira:

La mentira muchas veces promete una salida rápida, un alivio inmediato o una manera fácil de evitar consecuencias; pero ese alivio dura muy poco. Tarde o temprano la mentira se descubre, se contradice, se multiplica o termina produciendo dolor en quienes confiaron en nosotros. “Los labios sinceros permanecen para siempre, pero la lengua mentirosa dura sólo un instante” Proverbios 12.19.

Por eso necesitamos aprender a pesar en balanza lo que una mentira puede causar. ¿Vale la pena perder la paz por sostener una apariencia? ¿Vale la pena dañar la confianza de alguien por evitar una conversación difícil? ¿Vale la pena comprometer el testimonio de Cristo por salir bien en un momento?

 
 
 

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