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No Vuelvo Atrás

pandevidamcallen
2 sept
6 min de lectura

¿Conoce a personas que se han apartado de los caminos de Dios? Creyentes que decían seguir a Cristo, y amar Su cruz, pero que con el transcurrir del tiempo abandonaron la comunión de la iglesia y aun la obra a la que habían sido llamados. Ese alejamiento de Dios puede ser fácil de verlo en otros, pero muy difícil reconocerlo en uno mismo. A veces ese proceso es tan lento que resulta imperceptible, y solo nos damos cuenta de que nos hemos salido del camino cuando nos encontramos en un abismo de problemas y consecuencias causadas por nuestras malas decisiones. Esta problemática que nos presenta Pedro, es un mal que enfrentan todas las iglesias. Un estudio de LifeWay señaló que el 66% de los jóvenes dejó de asistir a la iglesia por lo menos durante un año entre los 18 y los 22 años, y que al llegar a sus veinte solamente 1 de cada 3 asistía regularmente. El cambio de prioridades y hábitos aparecía entre las razones principales.


Pueden ser números, pero nos recuerdan que nadie está exento ni es inmune al peligro de no permanecer firme en el Señor. La Palabra también anuncia que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe (1 Timoteo 4.1). Apostatar significa abandonar la fe, volver atrás, renunciar y dejarlo todo. Así que, mientras estemos en la tierra, caer, resbalar o apartarse será una terrible posibilidad. Y digo terrible porque Hebreos nos dice: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”. Hebreos 10.31. Por eso las Escrituras insisten en que velemos, estemos alertas, oremos, nos congreguemos y crezcamos. En otras palabras, ser intencionales para avanzar, no desanimarnos ni distraernos, sino seguir firmes en el Señor. La pregunta clave es: ¿Qué cosas nos pueden empujar a abandonar este caminar con Cristo?  La misma palabra de Dios nos da la respuesta. Leer Hebreos 3.12-13.


El peligro de apostatar nace de un corazón malo e incrédulo, endurecido por el engaño del pecado. Por eso debemos exhortarnos unos a otros y no dejar de reunirnos, sino animarnos, especialmente al ver que aquel día se acerca (Hebreos 10.25). Pero también, un débil sentido de compromiso nos puede hacer vulnerables a abandonar a Dios. Hay cosas que atrapan la vida y consumen nuestro tiempo, las energías y los recursos hasta impedirnos progresar, crecer y disfrutar una vida abundante en Cristo. Sin compromiso, la vida cristiana se vuelve monótona, fría, vacía y apática; corriendo el riesgo de ser «niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina» Efesios 4.14.

Otro enemigo que nos puede estar alejando de Dios es la falsa religiosidad. Jesús dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. Lucas 6:46. Reconocer a Jesús verbalmente mientras se rechaza deliberadamente Su voluntad es contradecir con la vida lo que se afirma con los labios. Seguir a Cristo no consiste únicamente en identificarnos con una comunidad cristiana, conocer su vocabulario o participar en sus actividades. Significa reconocer que Su autoridad alcanza nuestras decisiones, relaciones, prioridades y conducta privada.  No podemos confesar Su señorío y, al mismo tiempo, reservar áreas de nuestra vida en las que Su Palabra no tenga derecho a corregirnos.

Pedro nos enseña que Dios está comprometido con nosotros, al darnos herramientas y las promesas necesarias para no salirnos del camino. Pero, así como Dios está comprometido en terminar Su obra en nosotros, nosotros debemos responder a esa obra. La pregunta entonces es: ¿Cómo mantenernos firmes ante la tentación y la dificultad, sin considerar abandonar las cosas de Dios? A través de dos principios importantes:


1.CONFIANDO EN EL PODER DE DIOS

«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia». 2 Pedro 1.3. Si Dios nos ha dado los recursos y herramientas, Su amor, gracia, perdón, misericordia y su Palabra; si somos morada del Espíritu Santo y Cristo camina a nuestro lado, no tenemos excusa para salirnos del camino. Cuando Pedro afirma que Dios nos ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad, no está diciendo que nunca nos sentiremos cansados, confundidos o tentados. Nos está diciendo que nuestra esperanza para permanecer firmes no descansa en lo fuertes que somos, sino en el poder del Dios que nos sostiene.

El problema es que muchas veces no recurrimos a la provisión de Dios. Pensemos en situaciones cotidianas. Cuando tenemos una discusión en el matrimonio, conocemos la enseñanza bíblica sobre escuchar, hablar con mansedumbre y reconocer nuestras faltas; pero podemos preferir levantar la voz, dejar de hablarnos o esperar que el otro dé el primer paso. Cuando atravesamos dificultades económicas, podemos presentar nuestras preocupaciones a Dios y actuar con honestidad, o justificar una mentira diciendo: “No tenía otra opción”. Cuando hemos pecado, Su perdón nos invita a confesar y volver a Él; sin embargo, podemos escondernos, alejarnos de los hermanos y dejar de congregarnos por vergüenza. En esas circunstancias, el problema no es que Dios no haya provisto dirección, sino que elegimos no hacer uso de los medios de Gracia que Dios nos ha dado. Por lo tanto, es en medio de las situaciones de la vida, que los recursos de Dios dejan de ser palabras que conocemos y se convierten en verdades que necesitamos vivir. ¿Por qué podemos confiar en estos recursos?

A.  Porque Vienen De Dios

«Nos han sido dadas por su divino poder» (1.3b). Si viviéramos comprendiendo lo que significa tener el poder de Dios en nuestras vidas, muchas decisiones y actitudes cambiarían. Muchas de nuestras decisiones diarias serían correctas y nuestras actitudes serían mejores. Ante el pecado, la tentación, la duda, el desánimo, los fracasos y los errores, estaríamos más fuertes para permanecer firmes. Apropiarnos de esta verdad transforma la forma en que enfrentamos cada lucha. ¿Por qué podemos confiar en estos recursos?

B. Porque Son Suficientes Para Mí:

«Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas» (1.3a). Dios, en Su gran poder, nos ha concedido todo lo necesario para llevar una vida piadosa. Hemos recibido todo lo que necesitamos para no volver atrás y para no salirnos del camino. Dios nos ha entregado herramientas, recursos y medios para usarlos cuando seamos tentados a abandonarlo todo.

El problema aparece cuando no hacemos uso de lo que Dios nos ha dado, y muchas veces buscamos saciar nuestra sed en otras fuentes. Leer Jeremías 2.13. Dios reprende a Su pueblo por abandonarlo y buscar sustitutos. Aplicado a nuestro estudio: el problema no es que la fuente de Dios se haya secado, sino que buscamos saciar nuestra sed donde no podemos encontrar verdadera vida. Las personas, las posesiones o las experiencias se convierten en esas “cisternas rotas” cuando esperamos de ellas lo que solamente Dios puede darnos.

El mensaje es claro: No necesitamos esperar a que nuestra vida se desmorone para buscar al Señor, ni mucho menos debemos de buscar en otras fuentes. Dios ya nos ha dado recursos para caminar en obediencia; nuestra responsabilidad es recibirlos y ponerlos en práctica, confiando en Su poder y no solamente en nuestras fuerzas. Permanecer firmes se expresa en esas pequeñas decisiones de cada día. ¿Por qué podemos confiar en estos recursos?

C. Porque Conocer A Jesús Trae Un Cambio Radical En Nuestras Vidas:

«Mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia» (1.3c). El poder y la provisión divina se experimentan mediante el conocimiento de Jesús. No se trata solamente de conocer hechos y eventos de Su vida, sino de una comunión real, dinámica y diaria con el Señor.

El simple registro intelectual no produce la firmeza de la que Pedro habla; esa firmeza florece cuando conocemos personalmente a Cristo, permanecemos cerca de Él y caminamos cada día bajo Su señorío. ¿Cómo mantenernos firmes y no tener como opción abandonar las cosas de Dios? Primero, confiando en el poder de Dios.

  1. Con la esperanza puesta en las promesas de Dios.

Pedro nos recuerda que tenemos una esperanza segura en las promesas de Dios. “Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas...” 2 Pedro 1.4. Estas promesas son preciosas porque provienen de Dios y grandísimas porque están aseguradas por Su poder. Estas promesas producen también dos cosas en nosotros:

  • Nos ayudan a parecernos más a Cristo. Participar de la naturaleza divina significa recibir de Dios una vida nueva que transforma nuestra manera de pensar, nuestros deseos y nuestra conducta. Esa transformación se demuestra cuando aprendemos a amar, perdonar y tener dominio propio.

  • Nos fortalecen para no abandonar el camino. Cuando llegan el cansancio, las dificultades o la tentación, sus promesas nos recuerdan que vale la pena seguir a Cristo. Nos ayudan a rechazar aquello que puede volver a atraparnos en el pecado y a mantener la mirada en el futuro que Dios ha preparado.


 
 
 

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