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Paciencia Cristo Viene Pronto

  • pandevidamcallen
  • 13 abr
  • 6 Min. de lectura

La Biblia declara una y otra vez que el regreso del Señor puede ocurrir en cualquier momento. Su venida no es una posibilidad remota ni una esperanza incierta, sino una promesa firme y segura: Cristo volverá, y su regreso puede acontecer de un instante a otro. “El tiempo es corto.… porque la apariencia de este mundo es pasajera” 1 Corintios 7:29, 31. El autor de la epístola a los Hebreos escribió: “exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (10:25). Pedro escribió: “El fin de todas las cosas se acerca” (1 Pedro 4:7). Juan escribió: “Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca”. Apocalipsis 1:3. Y ahí mismo en Apocalipsis el mismo Señor Jesucristo dice cuatro veces “Vengo pronto” (3:11; 22:7, 12, 20).

Quizá alguno se pregunte: “Pastor, ¿Qué impacto real tiene vivir preparados para la segunda venida del Señor?” La respuesta es tan sencilla, pero a la vez tan profunda, porque si el Señor llegará en este preciso momento, todos participaríamos de ese acontecimiento. No habrá donde esconderse, no habrá donde escaparse, no habrá donde huir; cuando el Señor venga, todos vamos a participar. Algunos se irán con Él, otros se quedarán sin Él. En otras palabras, la segunda venida de Cristo no se trata solo de un evento futuro, se trata de vivir cada día como si ese evento futuro fuera a suceder ahora mismo.


Y esto es precisamente lo que Santiago nos quiere enseñar al introducir este nuevo bloque de versículos: “Vosotros pues, oh hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor”. (v.7) Santiago pasa de la condenación a los ricos, a la consolación para los humildes, del juicio a los arrogantes, a palabras de aliento a los justos, de las miserias de los ricos, a la bendición de los pobres. Incluso su tono de voz cambia. En vez de “¡Vamos ahora, ricos!”. Pasa a decir con un corazón pastoral: “hermanos”. De hecho, el apelativo “hermanos” aparecerá cuatro veces en los versículos siguientes: (7, 9, 10, 12).

Y esto es clave porque luego de que Santiago documentara las injusticias cometidas por los ricos hacia los pobres, Santiago quiere prevenir que los hermanos tengan una reacción equivocada, que ellos respondan ante toda esta serie de injusticia con violencia, o de forma pecaminosa. Por esa razón, el mensaje de Santiago nos cae a todos como anillo al dedo. Porque el sufrimiento, los abusos y las injusticias están en todas partes. Y es muy posible que reaccionemos incorrectamente. Santiago entiende que, en medio del sufrimiento el corazón humano puede llenarse de impaciencia, resentimiento, amargura e incluso deseos de devolver mal por mal. Aun más, en ciertas circunstancias, la prueba puede llevar a algunos a enfriarse espiritualmente y hasta a darle la espalda a Dios.


Frente a ese peligro, Santiago nos recuerda que el dolor, las injusticias y las aflicciones no durarán para siempre, porque la venida del Señor está cerca. Por lo tanto, desde el versículo 7 Santiago dirige nuestra atención a la manera en que debemos vivir si queremos estar preparados para la venida del Señor. Así que hoy vamos a considerar:


1. La necesidad de ser pacientes:

Amados hermanos, tengan paciencia mientras esperan el regreso del Señor...”. (v.7a). Santiago no nos habla primero de la fe o la valentía, no nos dice que tengamos esperanza, ni mucho menos nos dice que la mejor respuesta ante el sufrimiento mientras esperamos el regreso de Cristo sea tener un espíritu ferviente, Santiago nos dice: PACIENCIA. No vaya a levantar la mano, pero ¿Quién de nosotros se caracteriza por ser pacientes? Es más, si somos sinceros, pareciera que como que asumimos que ni siquiera quisiéramos tener paciencia. Y decimos: “NO, yo no tengo paciencia para lidiar con eso, o No, yo no tengo paciencia para tratar con esta persona”. Si somos sinceros, no es que carezcamos de paciencia, el punto es que como vivimos en un mundo tan, pero tan acelerado, nosotros pensamos que tener paciencia es sinónimo de pérdida de tiempo, pero tener este tipo de pensamiento es muy peligroso.

Es muy peligroso especialmente para nosotros los cristianos, porque precisamente Dios empleó en el pasado, lo hace en el presente y seguirá activando eventos en mi vida, situaciones en mi vida, acontecimientos en mi vida precisamente para desarrollar la paciencia. Pastor, ¿Cómo cultiva Dios la paciencia en nosotros?


A. El Sufrimiento Es El Mejor Método De Dios:

Los creyentes a quienes Santiago escribe habían sufrido profundamente: fueron estafados, maltratados, llevados a juicio, explotados en su trabajo y, en algunos casos, hasta perdieron la vida. Y en medio de ese sufrimiento Santiago les dice: PACIENCIA. Así que el sufrimiento, el dolor, las heridas y las crisis son medios que Dios usa de manera especial para formar en nosotros la paciencia. Pero entonces surge una pregunta importante: ¿Qué significa realmente tener paciencia en medio del sufrimiento? Tener paciencia no es resignarse mientras pasa el sufrimiento. Tampoco es asumir una actitud pasiva, quedarse de brazos cruzados o actuar como si nada estuviera ocurriendo.

La verdadera paciencia consiste en confiar en Dios en medio del dolor, mantenerse firme en la prueba, responder con fe, creciendo en la oración y en la comunión con Cristo. Paciencia es una fortaleza interior que viene de Dios, y que Él mismo desarrolla en la vida del creyente. La aplicación es clara: Debemos cultivar la paciencia porque no sabemos en qué momento, dentro de la voluntad de Dios, tendremos que enfrentar el sufrimiento. Por eso la pregunta no es si vendrá el dolor, sino cómo responderemos cuando el dolor se presente.


Escúchame muy bien, porque este mensaje no es muy popular, ni muchos lo predican; como también, no son muchos los oyentes que lo quieren escuchar.

Pero no olvidemos, que ese camino que Cristo trazó hacia la eternidad, primero está la cruz y después la gloria. “En esas ciudades, fortalecieron a los seguidores y los animaron a seguir fieles, diciéndoles: «Para entrar al reino de Dios tenemos que sufrir mucho».” Hechos 14.22 (PDT). Pastor, ¿Por qué es necesario tener paciencia? Porque por medio de ella mostramos confianza plena en Dios. Pero, cuando el corazón se llena de impaciencia o desesperación, corremos el peligro de responder como si Dios no fuera fiel o como si no pudiéramos descansar en Él. Por eso la paciencia es tan necesaria, porque refleja una fe que permanece firme en medio de la prueba. Leer Hebreos 12:1.


El problema comienza cuando no queremos aceptar y someternos al tiempo de Dios y decidimos adelantarnos a su voluntad. Es allí donde el corazón, dominado por la ansiedad, la desesperación o el temor, empieza a tomar decisiones apresuradas. Lamentablemente muchos cristianos, en ese afán por salir rápido de la prueba, han cometido errores dolorosos: han hablado sin sabiduría, han actuado en la carne, han tomado caminos incorrectos y han terminado complicando aún más su situación.

Por eso, cultivar la paciencia no es algo secundario en la vida cristiana; es una necesidad espiritual. ¿Y qué debemos hacer para desarrollarla cada día? Debemos aprender a guardar silencio delante del Señor, a aquietar el corazón y a esperar en Él.

Como dice el Salmo 37:7: ‘Guarda silencio ante el Señor, y espera en él; no te alteres por los que prosperan en su camino, ni por los que practican la maldad’. La paciencia se forma cuando el alma deja de acelerarse y aprende a descansar en la soberanía, la sabiduría y la fidelidad de Dios.

Cuando usted guarda silencio delante de Dios y decide esperar en Él, le está diciendo con su corazón: “Señor, yo confío en tus planes, confío en tus propósitos y descanso en que todo lo que haces es bueno, sabio y perfecto para mi. Aunque no entienda lo que está pasando, aunque me duela, aunque mis ojos se llenen de lágrimas y mi corazón esté quebrantado, seguiré esperando en ti. No me apartaré de ti; esperaré en ti, porque sé que tu tiempo, tu sabiduría y tu fidelidad jamás fallan”. Leer Lamentaciones 3.25-26.


Guardar silencio delante de Dios es asumir una actitud de rendición y confianza, dejando a un lado los reclamos, las dudas y la resistencia del corazón, para decirle con humildad: “Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya”. El mayor ejemplo de lo que significa esperar en silencio es nuestro Señor Jesús. Isaías 53 declara que, “estando angustiado y afligido, no abrió su boca, sino que enmudeció como cordero llevado al matadero”. Eso no es algo fácil, especialmente cuando se está bajo una presión insoportable y se padece de manera injusta.

Y Jesús tenía toda autoridad, toda verdad y todos los argumentos para defenderse; sin embargo, eligió guardar silencio, y entregarse a la voluntad del Padre. Si el Hijo de Dios guardó silencio frente al sufrimiento más intenso, nosotros también debemos aprender a permanecer en silencio delante del Señor, confiando en que Él obrará a su tiempo


 
 
 

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