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Clinica Del Alma II

  • pandevidamcallen
  • 1 jun
  • 6 min de lectura

¿Sabe usted cuantas enfermedades hay en el mundo? En verdad la respuesta a esta pregunta es bastante difícil de responder, porque según los expertos, todos los días aparece una nueva enfermedad o, mejor dicho, una variación en la genética del virus de la enfermedad que hace que se deba tratar como a una enfermedad nueva. El diccionario nos dice que una enfermedad es: “Una Alteración leve o grave del funcionamiento normal de un organismo debido a una causa interna o externa”. Yo creo que más que por una definición, por experiencia propia todos sabemos lo que significa estar enfermo.


Ahora, le pregunto: ¿Cuál piensa usted que sea la enfermedad más terrible? ¿Cuál será la enfermedad que más muertes ha causado en el mundo? La Organización Mundial de la Salud tiene una lista de las enfermedades más mortíferas. Algunas de ellas son: El virus del Ebola, Fiebre de Lassa, Zika, Sida, la Malaria, Diabetes, Cáncer. Para algunas hay tratamientos y medicamentos que pueden mejorar un poco la calidad de vida, pero para otras enfermedades no. Hermanos, vivimos en un mundo saturado de sufrimiento, enfermedad, dolor y por supuesto que de muerte. Aunque no siempre fue así, como lo explica Génesis 1:31 “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. La creación no tenía ningún defecto, no había temor a ninguna enfermedad, virus o contagio, nada estaba fuera del orden divino original. Hasta que vino la desobediencia del hombre y el pecado trajo consigo la decadencia, la corrupción, y una variedad de enfermedades tanto leves como letales para el hombre. La mala salud ha estado con nosotros desde nuestros primeros padres, y lo seguirá estando según nos indica la Biblia con nosotros, hasta que Cristo regrese por sus hijos.


Sin embargo, tú y yo confiamos en un Dios que obra sobrenaturalmente, un Dios que está por encima de cualquier terrible enfermedad, creemos en un Dios que tiene el poder para restaurar, sanar. Dios tiene el poder para levantar al herido, restaurar al enfermo, y curar al débil. Cristo dice: “«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para dar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado para anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar el año en que el Señor nos dará su favor»”. Lucas 4.18-19. Y cuando Dios sana, nos está permitiendo contemplar una expresión de su amor; una muestra tierna, poderosa y evidente de que Él sigue acercándose a sus hijos con misericordia y compasión. Y ese poder sanador no se limita a sanar las enfermedades físicas o las debilidades del cuerpo, sino que tenemos

Es más, una de las características con las que Dios se identifica muy temprano en la historia del hombre, es como Jehová Rafa (Jehová Tu Sanador), “y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”. Éxodo 15.26.


Y, ahora Santiago nos dice que debemos de elevar nuestras oraciones; ya sea que estemos enfermos o sanos, en angustia o en paz; en dolor o bienestar; en tormento o en calma; en aflicción o felicidad a Dios. Leer Santiago 5.14-15. Santiago nos está indicando cómo es que debe de responder el cristiano ante la enfermedad. Y lo primero que observamos es que tenemos que buscar a Dios en oración. Mis hermanos Dios nos está llamando a orar en medio del dolor, en medio del sufrimiento, en medio de la enfermedad.

El mensaje de Santiago es muy contundente: no dejen por fuera ningún aspecto de sus vidas sin acudir a Dios en oración, sin depender de Su voluntad, sin soltarnos de su mano. Pero hay un segundo detalle en el que Santiago se enfoca, ¿Cómo es que el creyente debe de responder ante el dolor, la enfermedad las crisis? Ya dijimos que, con oración, pero Santiago agrega un elemento más: Y nos hace la pregunta: ¿Estas sufriendo de alguna enfermedad? NO LO ENFRENTES SOLO.


Santiago nos confirma lo que hoy la ciencia nos dice. Estudios señalan que quienes tienen altos grados de apoyo social presentan mejores resultados físicos y mentales. En cambio, la soledad o falta de conexión social está asociada con un mayor riesgo de enfermedades graves. Hermanos, tener una comunidad de fe, de amigos, líderes que nos acompañen con oración, presencia, cuidado, contribuye a tener una mejor recuperación y mejor calidad de vida. Eso no lo dice la ciencia, lo dice el Señor. La enfermedad no es una condición que se deba enfrentar en la soledad, en la clandestinidad, en el encierro, en el aislamiento, NO, su palabra nos dice: NO LOS ENFRENTES SOLO.  Pero escucha lo que el texto no dice. Santiago no dice: “Si estas enfermo comunícate con aquellos creyentes que tienen dones de sanidad, NO. Santiago nos dice rodéate de cristianos maduros que tengan la guía del Señor para consolarte y apoyarte en medio del dolor. Santiago no dice: “si estas enfermo Asiste a un culto de sanidad y milagros”. NO. No se trata del predicador que llama a los enfermos, sino de un enfermo que llama a los ancianos. Ni mucho menos Santiago nos dice: “si estas enfermo, vaya y compre el pañuelo de la unción, o el aceite ungido, o compre los cinco deseos para la sanidad del cuerpo”. NO. Santiago no nos está dando una “fórmula mágica” que nos asegure automáticamente el éxito. Lo que Santiago nos está indicando es que para que esa oración sea eficaz, la fe tiene que estar puesta en la persona correcta, en la persona de Cristo Jesús. Pastor, ¿Qué tenemos que hacer entonces cuando estamos enfermos?


1.Tenemos una responsabilidad compartida:

A. La primera responsabilidad es del enfermo:

¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la Iglesia”. (v.14). Al parecer la enfermedad de la que habla Santiago no es un resfriado, no es una gripa, no es un dolor de muelas, ni de cabeza, no es una enfermedad leve, sino grave. Porque el hecho de que el enfermo no se pueda levantar e ir a buscar a los ancianos, sino que pide que vayan a visitarlo, nos indica que se encuentra delicado de salud. Y el texto nos dice que es el enfermo, quien toma la iniciativa: “llame”. Que en medio de su situación que está viviendo, el enfermos entiende que no puede enfrentarlo solo, que la enfermedad que le está causando dolor no la tiene que enfrentar aislado y sin apoyo, sino que tiene que dar el primer paso y reconocer su fragilidad, su necesidad y que Dios por medio del acompañamiento de los hermanos lo puede sacar de esa situación.

B. .La segunda responsabilidad es de la iglesia:

¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor”. (v.14) El mensaje es muy claro: si hay alguien que está enfrentando una enfermedad grave no tenga pena, no se sienta solo, llámenos y oraremos por usted. Si el enfermo está en el hospital o en algún centro de recuperación nuestra presencia es sumamente importante, porque los hospitales y ustedes los saben, son lugares tristes, lugares donde nadie quiere estar. Por sus pasillos se percibe el dolor y la necesidad. Y para la mayoría de los pacientes, al estar ahí las horas y los días se les hacen eternos, y tu visita marcará la diferencia. Pablo nos dice: “Cuando llegamos a Macedonia, no hubo descanso para nosotros. Enfrentamos conflictos de todos lados, con batallas por fuera y temores por dentro; pero Dios, quien alienta a los desanimados, nos alentó con la llegada de Tito”. 2 Cor. 7.5-6.

Pablo les recuerda que primero que todo, quien alienta es Dios, pero ese aliento que Dios da lo hace a través de la presencia de personas, de un abrazo, de una sonrisa o sencillamente con tu presencia. Santiago quiere que no olvidemos que la iglesia es un hospital, es un lugar donde tenemos hermanos que no solo tienen heridas en su corazón, sino que están enfrentando físicamente una enfermedad. Y no podemos quedarnos indiferentes ante esa situación, tenemos que responder. “Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones”. Hebreos 10.24. ¿Qué debemos hacer?

1. No dejes de orar a Dios:

Una oración ofrecida con fe sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado”. Santiago 5.15. Tal vez alguien diga: “Ese es el problema, yo he orado por el enfermo, pero parece que hay oraciones en las que necesitamos más fe”. Ahí está el error, porque no se trata de la persona que ora, no se trata de la forma cómo ora, no tiene nada que ver con lo que ora, todo se trata de Dios. Tu haz lo que es posible, que es orar; y deja lo imposible en manos de Dios. Tu haz lo que es natural, que es orar; y lo sobrenatural déjaselo en manos de Dios.

Pero hay algo más que Santiago nos dice: Dios no solo puede sanar tu cuerpo, sino también tu alma “Y si ha pecado, él lo perdonará.” Santiago muestra que la sanidad de Dios es integral: física, emocional y espiritual. A veces la restauración que más necesitamos no es solo en el cuerpo, sino en el corazón. Por lo tanto, examina tu vida y permite que el Espíritu Santo revele si hay algo que necesitas confesar. El perdón y la restauración espiritual preparan el terreno para una sanidad más completa.

 
 
 

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