Enemigos De Dios
- pandevidamcallen
- 9 dic 2025
- 6 Min. de lectura

Cuando tú escuchas un título como este: “Enemigos de Dios” ¿Qué es lo que primero viene a tu mente? O ¿Quién viene a tu mente? ¿Sera que el apóstol Santiago se está refiriendo a los ateos, a los agnósticos, a los negacionistas?, O a los que profesan una falsa religión como los musulmanes, los hinduistas, budistas, o será que Santiago lanza esta acusación a las sectas como los mormones, los Testigos de Jehová, adventistas, etc. No se vaya a sorprender por lo que les voy a decir, pero esos enemigos de Dios son personas que están dentro de la iglesia, participan de las actividades de la iglesia, conocen lo que se hace dentro de la iglesia.
Santiago no le está hablando a gente que está allá afuera, ni le está hablando a un club, no se dirige a los bares, antros y burdeles, Santiago les está hablando a personas que creen en la palabra de Dios, que han puesto su fe en Cristo Jesús. Pastor, ¿Porqué este fuerte señalamiento de adúlteros por parte de Santiago? porque fueron personas que un día buscaron la ayuda en Jesús, un día confiaron en Jesús, creyeron en Jesús, algunos públicamente a través del bautismo declararon su fe en Jesús; Pero ahora con su forma de vivir han rechazado, han pisoteado, se han burlado del Jesús que un día prometieron seguir. Un día entraron a la iglesia y adoraban a Dios como lo hacemos nosotros, cantaban a Dios y levantaban sus manos como nosotros, pero en el camino se convirtieron en enemigos de Dios.
Y aunque la palabra adulterio te puede sonar un poco fuerte, es una advertencia que va marcar la diferencia entre una eternidad cerca de Jesús o una eternidad de condenación eterna. Santiago reprende con firmeza porque entiende que Dios se ha revelado como el Esposo de Su pueblo. Tanto Israel como la iglesia fueron llamados a la fidelidad del pacto, y cuando el corazón se inclina hacia el mundo, no es solo una desobediencia; es el dolor del Esposo fiel que ve a Su amada apartarse de Su corazón. Leer: Jeremías 3:20.
Con palabras similares, Jesús tuvo que dirigirse al Israel de sus días, llamándolo “generación malvada, perversa y adúltera” (Mateo 12:38; 16:4). Lo trágico es que, ahora, Santiago tenga que acusar a los creyentes en estos mismos términos. Si somos sinceros, debemos admitir que no evaluamos el amor al mundo de la misma manera que lo hace Dios. Con frecuencia asociamos la mundanalidad solo con pecados escandalosos: promiscuidad, adicciones, apuestas, una vida desordenada. Pero Santiago y toda la Escritura nos recuerdan que el amor al mundo es más sutil y profundo. También se manifiesta en esos deseos por cosas temporales que buscamos, acumulamos y defendemos, aun sabiendo que carecen de valor eterno.
Nos aferramos a lo material como si pudiéramos llevarlo a una eternidad con nosotros, olvidando que el corazón puede volverse idólatra incluso con aquello que parece inofensivo. Sin darnos cuenta, esas pequeñas inclinaciones van ocupando un lugar que le pertenece únicamente a Dios, y es ahí donde se produce un acto de infidelidad a Dios. Por esa razón Santiago utiliza el termino “¡Oh almas adúlteras!”. Escucha como para Dios es tan terrible el adulterio espiritual. Leer Ezequiel 16.15.
Entonces cuando Dios quiso señalar lo horrible y reprochable que era que sus hijos le fueran infieles por medio de la idolatría en todas sus formas, usó el peor termino por así decirlo para señalar la infidelidad diciendo: “Te prostituiste”.
Cuando Santiago habla de ‘almas adúlteras’, describe al creyente —o a una iglesia— que pretende mantener fidelidad a Dios mientras sigue abrazando al mundo. Es una vida de doble lealtad que evidencia un corazón dividido Ahora, nuestros ídolos no son de plata, ni de madera o piedra. Nosotros no tenemos ídolos para ponernos en altares, y ni subimos la montaña para adorarlos, somos personas más sofisticadas: Abrimos nuestro corazón. Y recuerda, que la idolatría no se limita a una imagen hecha por el hombre; la idolatría es todo aquello que desplaza a Dios del primer lugar. Con mucha razón Santiago nos dice: “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” Santiago 4.4.
Pastor ¿Cómo es posible pasar de ser amigos de Dios a enemigos de Dios? ¿Cómo podemos darnos cuenta de que nos hemos convertido en enemigos de Dios? Bueno Santiago emplea un término que todos comprendemos: ‘amistad’. En el lenguaje bíblico, esta palabra no se refiere a una relación superficial, sino a un vínculo estrecho, marcado por afecto, confianza y dedicación. Con un amigo se comparten experiencias, alegrías y dificultades; es una relación que implica cercanía y entrega. Tener amistad es saber que cuentas con alguien, la idea es que existe una conexión.
Hermanos, Dios no tolera un corazón dividido, especialmente cuando esa duplicidad aparece en aquellos que profesan ser Sus hijos. La Escritura muestra con claridad que el Señor aborrece la hipocresía y la tibieza espiritual. De hecho, algunas de las reprensiones más contundentes de Jesús no fueron dirigidas a homicidas o inmorales, sino a una iglesia que llevaba Su nombre. Fue a un grupo que se consideraban cristianos a quienes Cristo confrontó con mayor severidad por vivir una fe incoherente con su fe. “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” Apocalipsis 3.16.
Esta es la reprensión más fuertes y estremecedoras que han quedado registradas en las páginas de la historia.¿Por qué tan fuerte estas palabras? Porque eran personas que decían ser cristianas, querían que otros los vieran como hombres entregados a Dios, pero su carácter interno y con su conducta negaban a Dios. Lea muy bien lo que nos dice Santiago 4.4: “el que quiera ser amigo del mundo”. No nos está diciendo: Quien llegue a ser amigo, o quien tenga ya una amistad con el sistema de este mundo”, Santiago dice: “basta con querer serlo; en otras palabras, es más que suficiente tener el anhelo en tu corazón, basta con un simple deseo para constituirte enemigo de Dios.” Alguien dijo acertadamente: “Hay quienes son amigos del mundo sin saberlo y hay quienes son amigos del mundo sin quererlo. Los peores son quienes no siendo quieren serlo. Estos son, sin duda, los enemigos de Dios”.
Nuestro Señor Jesús también tuvo que dar un mensaje fuerte: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Mateo 6.24. Jesús enseña que el corazón no puede vivir dividido entre Dios y el mundo. No es posible poner nuestro corazón en las cosas terrenales y, al mismo tiempo, pretender mantenerlo en el cielo. Tampoco se puede buscar agradar a Dios mientras se procura la aprobación del mundo. El Señor deja claro que nuestras lealtades revelan dónde está realmente nuestro corazón. Pero pastor ¿Por qué NO? Porque ambos señores lo piden todo, y lo exigen todo. Ambos señores exigen toda nuestra devoción, y lo que es peor, ambos señores continuamente dan ordenes que son diametralmente opuestas entre sí:
Mientras uno nos dice que se debe vivir por fe, el otro nos dice que se debe vivir por vista.
Mientras uno nos dice que se debe hacer tesoros en el cielo, el otro dice tienes que hacer tesoros en la tierra.
Mientras uno nos dice que debemos de buscar las cosas de arriba donde esta Cristo sentado, el otro dice que seamos realistas y pongamos los pies en la tierra y busquemos aquí y ahora las cosas que nos darán felicidad.
El uno nos dice que se debe de perseguir las cosas que son eternas y el otro por cosas que son temporales.
Uno nos dice que debemos de buscar la felicidad en el Creador, mientras el otro dice que debemos de buscar la felicidad en lo creado.
¿Se dan cuenta que no se puede servir a dos señores? La decisión está en ti. ¿Qué debes de hacer?
1. No permitas que tu corazón se divida
Cuando Cristo deja de ser el centro, cualquier cosa puede ocupar Su lugar. Y un corazón dividido inevitablemente se aleja. La Escritura nos recuerda que Dios no pide parte del corazón; pide todo el corazón. Leer Mateo 22.37.
2. Separa tu vida del sistema de valores del mundo.
“No améis al mundo ni las cosas del mundo” (1 Juan 2:15). Santiago no se refiere al mundo físico, sino al sistema de valores que opera en abierta rebelión contra Dios. Ese sistema promueve el orgullo, la autosuficiencia, la sensualidad y la independencia espiritual. La fidelidad a Dios requiere una separación radical de dicho sistema. No se trata de vivir aislados del mundo, pero tampoco absorbemos sus valores. La transformación genuina ocurre cuando nuestra mente deja de moldearse por el mundo y se renueva por la Palabra. Leer Romanos 12.2
3. Somete cada decisión a la voluntad de Dios.
La infidelidad espiritual no ocurre por un solo acto, sino por una serie de decisiones tomadas sin Dios. El creyente fiel entiende que cada paso—por pequeño que sea—debe someterse a la autoridad del Señor. Leer Juan 14.23.



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