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Un Ultimo Movimiento

  • pandevidamcallen
  • 23 ene
  • 6 Min. de lectura

Nuevamente Santiago nos presenta dos decisiones, dos caminos:  o nos acercamos a Dios o nos alejamos de Él. La pregunta es: ¿Cómo fue que llegamos hasta esa tensa situación para tener que elegir? Hay solo una respuesta: El pecado. Santiago no es un pastor egoísta que solo está pensando en el bienestar y en la salud de su iglesia, Santiago aborda el pecado porque entiende que sus efectos se extienden a todos los niveles. Cuando el pecado no se enfrenta ni se trata con un arrepentimiento sincero, comienza a crecer y a causar daño, no solo a la persona, sino también a toda la comunidad. En la iglesia, este pecado estaba provocando problemas como discusiones, celos y divisiones, creando un ambiente espiritual débil y dominado por actitudes carnales, lo que afectaba el testimonio del cuerpo de Cristo.

Pero Santiago también señala que este problema no se quedaba solo dentro de la iglesia. El pecado era el causante de conflictos en los matrimonios, tensión constante en las familias y una relación cada vez más dañada entre padres e hijos. La preocupación de Santiago nace del reconocimiento de que el pecado es una fuerza muy destructiva, capaz de corromper las relaciones más valiosas y de debilitar las virtudes más nobles. Pero no solo nos incita a cometer acciones pecaminosas, sino que distorsiona nuestro corazón al punto de hacernos responder de manera pecaminosa incluso ante las bendiciones que Dios nos concede. Por causa del pecado el inteligente se burla del que no lo es, el que tiene recursos menosprecia al que no tiene; el que tiene poco codicia lo que otros poseen. El sano se puede convertir en indiferente ante el dolor.Hay algo tan mal dentro del hombre que ni siquiera puede manejar adecuadamente las bendiciones.


Por lo tanto, la primera y obligada pregunta es: ¿Entiendes lo que significa el pecado? ¿Comprendes como el pecado aun después de venir a Cristo afecta nuestra vida? ¿Crees que existen categorías de pecados? ¿Qué significa el pecado para ti? Estas preguntas no son simples preguntas de rutina o que no tengan mucho impacto para nuestra vida; contestarlas ya sea correcta o incorrectamente trazaran la diferencia entre una eternidad cerca de Dios o una eternidad de castigo eterno. Por esa razón Santiago nos dice: “Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo” Santiago 4.8 (NTV).

Entonces, si queremos estar cerca de Dios tenemos que entender que es lo que nos dice Dios acerca del pecado y como tenemos que solucionarlo. Según la Biblia, el pecado es toda acción, pensamiento o actitud del corazón que transgrede la ley de Dios. Pecado es cualquier pensamiento, palabra o acción que nos aleja del plan perfecto y amoroso que Dios tiene para nosotros. Pecado no es solo hacer lo malo, sino también dejar de hacer el bien que Dios nos manda hacer. En la biblia no hay una sola palabra para describir el pecado, y esto es así, porque el pecado abarca y afecta muchas áreas en la vida del hombre. Así que, analicemos algunas de esas palabras:

La palabra más común para pecado y que podemos encontrar en casi todo el Nuevo Testamento es la que significa: “errar en el blanco”. Se ilustra como aquel tirador que lanza su flecha, pero que es totalmente desviada. Pecar entonces es fallar en el objetivo que Dios tiene para nuestra vida. Ahora esto no se trata de tener mala puntería, o de un simple error accidental, todo pecado ha sido una decisión consciente de desviarse de la voluntad de Dios. Otra palabra muy usada para pecado se traduce como: “cruzar el limite”. Todos entendemos que Dios ha trazado limites y fronteras éticas y morales que no debemos de transgredir. Pecar entonces es cruzar los limites que Dios estableció.  Otra palabra para pecado es la que se traduce como: “Sin ley” Es decir, vivir la vida en una anarquía total. Eso significa que cuando pecamos el mensaje que le estamos dando a Dios es: “Dios, yo hago con mi vida lo que yo quiero”. Otra palabra se refiere al pecado son: “tropezar” “Caer” “Perder el equilibrio”.  Tropezar es prácticamente perder el control que teníamos. Cuando pecamos le estamos entregando el control a aquello que nos lleva a pecar.


Cada una de estas palabras nos ayuda entonces a comprender no solo lo qué es el pecado, sino también la seriedad y la gravedad que produce el pecado. El profeta Isaías dice: “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” Isaías 59.2 Por lo tanto, el pecado no es un simple error ni una falta menor, sino una realidad seria que rompe nuestra comunión con Dios. El pecado distorsiona la manera en que pensamos y afecta profundamente la vida espiritual y relacional con Dios. Por eso, la Biblia nos llama a tomar el pecado con seriedad, no para vivir bajo condenación, sino para conducirnos al arrepentimiento sincero y a la gracia restauradora que Dios ofrece en Cristo.

Lamentablemente, la perspectiva de nuestra generación sobre el pecado está muy alejada de la enseñanza bíblica. Hoy en día, el pecado se minimiza, se normaliza e incluso se celebra; se convierte en entretenimiento, negocio o motivo de burla. En algunos casos, nuestras leyes y autoridades llegan a legitimar comportamientos que la Biblia claramente señala como transgresiones contra Dios. El problema es que Dios no ve el pecado como nosotros lo vemos. No se trata del disfraz con el que tratemos de ocultar un pecado, ni de los títulos que le quieran dar: “un desliz, una canita al aire; u ojos que no ven corazón que no siente”; no se trata de que si es un pecado blanco o negro, grande o pequeño; se trata de que el pecado rompe nuestra comunión con Dios y nos expone no solo a las consecuencias presentes, sino a un castigo eterno.

La Palabra de Dios también se refiere al pecado como algo que corrompe y contamina el alma.  La Biblia lo describe de esta manera: “trapo asqueroso” Isaías 30.22, y es comparado al “veneno de serpientes” y “ponzoña cruel de áspides” Dt. 32.33.  La Palabra de Dios nos enseña que todo pecado es, al fin y al cabo, una ofensa contra Dios.  David exclamó: “contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”.  Salmos 51.4. Por lo tanto, el pecado no es malo simplemente por las consecuencias que pueda este producir en mí vida y en la vida de quienes nos rodean, sino porque es un acto de rebelión en contra de un Dios infinitamente Santo. Por lo tanto, si vamos a obedecer lo que la palabra de Dios por medio del apóstol Santiago nos está diciendo, tenemos que ver el pecado como Dios lo ve, tenemos que odiar el pecado como Dios lo odia, tenemos que combatir el pecado como Dios nos pide que lo combatamos; y tenemos que luchar en contra del pecado como Dios nos pide que luchemos.


Piensa en esto: Si no existiera el infierno y el castigo eterno del cual Cristo hablo muchas veces: ¿Pecarías más y sin restricciones? Y te hago estas preguntas porque si no buscas el perdón a través de la obra de Cristo en la Cruz, tendrás que enfrentarte a un destino de dolor y castigo eterno. Por esa razón, con un sentido de urgencia Santiago le dice a su iglesia: “Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo”. Santiago 4.8 (NTV).

Así que no importa hasta qué punto una persona haya caído en pecado, no importa que tan lejos hayan huido de Dios, no importa cuánto el hombre este sumido en el fango del pecado, no importa cuán esclavizado se esté; La gracia de Dios, el amor de Dios y Su misericordia tienen el poder para salvar, restaurar y perdonar inclusive, las vidas de aquellos que han tocado fondo. Pero a pesar de ese gran amor de Dios, hay tanta gente huyendo de Dios, hay tantas personas escapando de Dios, hay tanta gente que le pone tantas excusas a Dios que no permiten que Él literalmente salve sus vidas. Hay tantas personas que literalmente están huyendo de Dios que lo que están haciendo es rechazando Su gracia y resistiéndose a Su amor. Sin embargo, Dios sigue con los brazos abiertos brindando perdón, misericordia y vida eterna. La pregunta entonces es:  ¿Qué debemos de hacer?

  • Considera lo que nuestro pecado le hizo a Jesús. Leer Isaías 53.5-6

Fueron nuestros pecados los que llevaron a Cristo a la cruz. Por lo tanto, considere lo que Cristo Jesús sufrió y luche contra ese pecado, no se deje dominar, ni mucho menos vencer por el pecado.


  • No juegues con el pecado. Leer Proverbios 6.27-28.

Siempre el pecado se presentará como algo inofensivo, leve, y justificable; la advertencia es: NO juegues con el pecado.


  • Si has pecado, Necesitas Arrepentirte.

Arrepentirse significa: No es solo sentir tristeza, sino una decisión de dar un giro de 180 grados, dejar el pecado para volverse hacia Dios.

 
 
 

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