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Hoy Es El Día Perfecto Para Regresar

  • pandevidamcallen
  • hace 2 días
  • 6 min de lectura

En estos últimos versículos del capítulo 5, Santiago nos desafía a buscar al que se ha descarriado, hablarle al que se ha alejado de la verdad de Dios y, acercarlo nuevamente al Señor. Esa es nuestra tarea como iglesia. Pero ahora surge otra pregunta: ¿Qué debe hacer el que se ha descarriado para regresar a Dios? Para poder responder a esta pregunta tan importante tenemos que tratar dos errores muy comunes en la mayoría de las personas. (1) Tener un concepto equivocado del pecado; y (2) al no tener un concepto correcto del pecado, no se tiene la necesidad de arrepentirse. Hoy vamos a considerar este primer error.

1. El Verdadero Significado Bíblico de Pecado:

Para quienes se han apartado y desean volver, y para quienes aún permanecemos en el camino, es indispensable entender qué es el pecado, hasta dónde puede llevarnos el pecado y cuáles son sus consecuencias. Y creo que esto es muy clave porque hoy más que en cualquier otra generación, se está cumpliendo ante nuestros ojos lo que en el pasado Isaías le condenó al pueblo de Israel. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” Isaías 5.20.

Nosotros somos testigos como nuestra sociedad bajo la excusa de la libertad, bajo el ropaje de los derechos, bajo la mentira de las ideologías se comercializa con el pecado, se aplaude el pecado, se expone el pecado y se practica el pecado. El problema con toda esta distorsión del pecado, es que el pecado no es un problema intelectual, es un problema moral, es un problema del corazón. Por cierto, para ti, ¿Qué significa pecar? ¿Crees que existen niveles de pecados? ¿Cómo crees que Dios ve nuestros pecados?

Por pecado nosotros entendemos que es toda transgresión de la voluntad de Dios, ya sea que se trate de no obedecer lo que Dios ha establecido en Su palabra, o dejar de hacer lo que Dios dice que debemos de hacer en su palabra. Para entender los alcances terribles del pecado, los hebreos tuvieron que emplear varias palabras. La palabra más común para pecado es: hamartia, que significa: «no dar en el blanco, como cuando se dispara una flecha, que no acierta”. Errar en el blanco nos habla de que el pecado no es solamente hacer cosas malas, pecado también es no vivir como Dios nos ha pedido que vivamos. Porque el blanco, el objetivo no es llegar a ser buena gente, buen vecino, un buen ciudadano; el blanco es Cristo, Su carácter, Su justicia, Su verdad, Su amor, Su vida en nosotros. Hamartía también implica que muchas veces no solo fallamos el blanco, sino que estamos apuntando en la dirección equivocada.


Otra palabra que se utiliza para pecado es: parabainein que se traduce como cruzar la línea o pisar fuera de un parámetro. Esta palabra nos recuerda que Dios en su gran amor ha trazado líneas, limites, fronteras que no debemos cruzar, no porque sea un Dios autoritativo, tirano, opresor, sino que lo ha hecho para nuestro bien. Limites divinos que protegen y salvaguardan nuestra vida, nuestra alma, y nuestra integridad. No son limites que esclavizan, no son fronteras que nos aprisionan, son límites para preservarnos de la muerte. Otra palabra que se utiliza para describir el pecado es Anomia. Que literalmente quiere decir: “Sin ley”. Así que, pecar es romper la ley de Dios, pero no es simplemente romper un mandamiento, es rechazar al autor y a la autoridad de ese mandamiento. Literalmente es decirle a Dios: “yo hago con mi vida lo que yo quiero”.“Nadie me va a decir cómo vivir, ni siguiera Dios”. Otra palabra es paraptōma. Se traduce como caer, tropezar, deslizarse, resbalar. Una persona que tropieza es alguien que ha perdido el control. Así que, cuando pecamos le cedemos el control a aquello que nos lleva a pecar.


Todas estas imágenes que vienen el Nuevo Testamento, nos ayudan a entender no solo lo que significa el pecado, sino la gravedad del pecado. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 6.23 Pero lamentablemente, la perspectiva de esta generación en cuanto al pecado está redefiniendo el concepto bíblico de pecado. En donde las acciones más pecaminosas están siendo promovidas, comercializadas. Hoy el pecado es aplaudido, valorado, y legalizado por nuestras cortes de justicia, muchas veces amparadas por la no discriminación y los derechos de grupos minoritarios que intentan cambiar lo moral. Solo para tomar un ejemplo: Uno de los argumentos a favor del aborto es: “Que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo y puede elegir abortar y matar al hijo que lleva en su vientre”. Y con solo ese argumento se practican más de un millón de abortos quirúrgicos cada año en USA. ¡Y no crea que esto es exclusivo de los americanos!, el 23% de todos los abortos ocurre en mujeres hispanas. Pero saben que es lo triste de todos estos números, que según Guttmacher Institute, que es la fuente de investigación más citada en temas de aborto. Aproximadamente 65% de las mujeres que se practicaron un aborto en EE. UU. se identificaban como cristianas.


Lo que nos revela estos números es que la mayoría de las mujeres que abortan creen en Dios, han tenido algún trasfondo cristiano, o pertenecían a una iglesia. Es interesante notar, que si alguien habló sobre el pecado con tanta no solo claridad, sino severidad fue Cristo. Jesús nunca justificó el pecado, excusó el pecado, maquilló el pecado ni minimizó el pecado, Jesús atacó el pecado, condenó el pecado, expuso el pecado y nos dio la solución para combatir el pecado. Leer Marcos 9:43-48. Creo que todos comprendemos la seriedad de las palabras de Jesús en Marcos 9:43-48. Cristo no está enseñando que debamos mutilarnos literalmente una mano, un pie o arrancarnos un ojo. De hecho, una persona podría perder una mano, quedar coja o incluso quedar ciega, y aun así continuar pecando. ¿Por qué? Porque el pecado no reside únicamente en las acciones externas; su raíz está en el corazón.


Jesús está usando un lenguaje radical para mostrarnos cuán radical debe ser nuestra lucha contra el pecado. No basta con modificar conductas visibles; debemos tratar seriamente con aquello que alimentamos, toleramos y permitimos crecer dentro de nuestro corazón. En el corazón puede alojarse: resentimientos, deseos impuros, odios ocultos, afanes, temores, celos y envidias. Es en lo profundo del corazón donde muchas veces el pecado se siembra antes de manifestarse en nuestra conducta. Pastor, ¿Qué tenemos que hacer frente al pecado? Lo mismo que hizo Cristo frente al pecado: Jesús rechazó el pecado, nosotros debemos de rechazar el pecado; Jesús condenó el pecado, nosotros debemos de condenar el pecado. Jesús señalo el pecado, nosotros debemos señalar al pecado; Jesús vivió sin pecado, nosotros debemos de vivir lejos del pecado; Jesús lucho en contra el pecado, nosotros debemos de luchar en contra del pecado.


Si Jesús nos enseña que debemos de tratar al pecado con absoluta seriedad, Santiago nos recuerda que es esa misma seriedad que debe llevarnos a buscar y restaurar al hermano que se ha extraviado. A la luz de estas dos verdades, quiero concluir con tres principios que debemos guardar en nuestro corazón.

  1. Recuerda lo que nuestro pecado le causó a Jesús:

Cuando pensamos en el pecado, no podemos olvidar que Jesús sufrió y murió por causa de él. Fueron nuestros pecados los que lo llevaron al Calvario. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53.4-5.

Por eso, cuando la tentación se presente, recuerda el dolor que Cristo llevó por ti… y lucha. No permitas que el pecado te domine, te controle o te venza. Resiste, confiando que el poder del Espíritu te va a sostener.


  1. No juegues con el pecado:

No juegues con el pecado, porque aunque se disfrace de algo pequeño, inofensivo y fácil de manejar, siempre su costo será muy alto. ¿Podría alguien echarse fuego en el pecho sin quemarse la ropa? ¿Podría alguien andar sobre las brasas sin quemarse los pies?”.Proverbios 6.27-28.


  1. No te descuides, nadie está libre de caer:

Nadie es lo demasiado fuerte como para no pecar. El corazón humano es frágil, susceptible, y vulnerable a fallar. No importa cuántos años tengamos en el evangelio, cuánta Biblia conozcamos, o cuántas victorias espirituales hayamos experimentado… todos somos vulnerables. Pablo nos recuerda: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” 1 Corintios 10.12.

 
 
 

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