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La Miseria De Los Ricos

  • pandevidamcallen
  • hace 2 horas
  • 6 Min. de lectura

¿Conoce usted a personas generosas? O ¿Crees que hay más personas generosas que personas tacañas? En la clase anterior les hablaba acerca de tener una actitud correcta ante la brevedad de la vida. Y siguiendo esa misma línea, Santiago nos advierte a tener una actitud correcta frente a las riquezas. En otras palabras, lo que Santiago nos dice es que la forma en que un cristiano maneja sus posesiones materiales es un indicador de su condición espiritual.  Tal vez usted estará pensando, “pastor discúlpeme, creo que se equivocó de audiencia porque yo no soy rico. Yo no hago parte, ni creo que nunca haré parte de los millonarios de este país”.

Entiendo que no hagamos parte de los millonarios, pero considera esto: ¿Cuánto dinero tienes en tu billetera? ¿Cuánto es el balance de tu cuenta de ahorros?  ¿Cuánto dinero tienen debajo del colchón? Piensa bien, porque más de 1 millón de personas en el mundo viven con menos de un dólar al día. Casi 1 de cada 10 seres humanos del planeta viven con lo equivalente a menos de unos pocos dólares al día. Y cuando ellos nos vean dirán: ricos. Así que estos versículos si son aplicables a nosotros.

Y Santiago quiere mostrarnos que la manera en que un cristiano maneja sus recursos es un claro indicador del estado de su corazón.  Algunos frente al dinero tienen la actitud de represa; guardando todo para sí mismos.  Ese es el plan que el mundo ofrece. Su énfasis es acumular más y más para sus placeres, sus deseos, y su seguridad. Los que tienen esta actitud tienen como filosofía de vida: Primero yo, segundo yo, y si tengo más, como decimos en Colombia: “Primero mis dientes y después mis parientes”. Pero tenemos el plan de Dios, su plan se asemeja no a una represa sino a un canal, el plan de Dios no es la acumulación, sino la repartición.

Quizá estas dos actitudes en relación con las riquezas estén ejemplificadas en dos historias muy conocidas por todos.  La historia del joven rico (Luca 18:18–30) y la historia de Zaqueo (Lucas 19:1–10). El joven rico preguntó a Jesús: ¿qué debía hacer para ser salvo? Jesús le dijo: Vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Luc. 18:22). Al oír cómo funciona la economía del cielo el joven rico “al oír estas cosas, se entristeció mucho, porque era muy rico”. Lucas 18:23.

Otra historia, muy diferente, es la de Zaqueo. Zaqueo, “que era un principal de los publicanos, y era rico”. Lucas 19:2. Al convertirse en seguidor de Jesús, hizo reparación de todas las injusticias que había cometido en su vida antes de ser cristiano. “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”. Lucas 19:8, a lo que el Señor respondió: “Hoy ha venido la salvación a esta casa”. Lucas 19:9.

El joven rico y Zaqueo representan dos actitudes muy opuestas hacia las riquezas.  La avaricia y la generosidad; la acumulación y la repartición. La codicia y la bondad; La economía del mundo y la economía de Dios; una produce dividendos en la tierra, la otra en el cielo. Y eso es precisamente de lo que Santiago comienza a hablarnos en el capítulo 5. Porque no solo se trata de la actitud de acumular riquezas, sino la manera en que se obtienen esas riquezas.

Recuerden que en el sermón pasado les decía que este versículo, aunque fue escrito hace más de 2 mil años; es tan relevante para nuestra época, porque describe al pie de la letra a nuestra sociedad. Una sociedad materialista, una sociedad enfocada, inmersa en la búsqueda de la prosperidad material. Y que, en ese afán desproporcionado, la gente hace hasta lo inimaginable con tal de obtener un poco más de dinero.

Piensa hasta donde las personas llegan por ese afán desmedido por ganar un poco más de dinero: destruirán su integridad, mentirán, robaran, mataran, arruinando no solo sus vidas, sino la de sus familias por tan solo obtener un poquito más de dinero.  “Los avaros tratan de hacerse ricos de la noche a la mañana, pero no se dan cuenta de que van directo a la pobreza”. Proverbios 28.22 (NTV).

Así que, el mal que nos describe Santiago, no está relacionado con el dinero como tal, sino con la actitud frente al dinero. Por eso Santiago inicia este capítulo cinco con una frase fuerte, una frase de reprensión, dos palabras de denuncian una mala actitud: “Presten atención, ricos: lloren y giman con angustia por todas las calamidades que les esperan”. Pastor, ¿Por qué tanta severidad? En primer lugar, porque ellos habían hecho de sus riquezas un dios, las riquezas se habían posesionado de sus corazones con tal fuerza que Dios había sido literalmente borrado de sus vidas.  Lo segundo, era que ellos habían acumulado sus riquezas en base al abuso, las injusticias, el contrabando, el robo de salarios, fraude, y el engaño. Esas eran las razones del por qué un juicio tan severo de parte de Dios. Recuerden que tener posesiones, riqueza, y mucho dinero no es malo en sí, lo malo es, en manos de quien están esas riquezas.

Sin lugar a dudas que todos poseemos riquezas y bienes materiales de alguna manera.  Algunos más, algunos menos, pero poseemos algo. Salomón nos dice: “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”. Proverbios 10.22. Lo que la Palabra de Dios sí condena es el mal uso que le demos a nuestras riquezas. “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” 1 Timoteo 6.10. El ser rico en sí mismo no es pecaminoso, pero es pecaminoso y necio el tener como único objetivo de vida el querer serlo. “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo”. Proverbios 23.4-5.

Una historia que amplía este punto es la de Giezi en 2 Reyes 5. Su historia nos recuerda el peligro de buscar lo material y olvidar lo más importante: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Giezi servía al profeta Eliseo y conocía a Dios, pero su corazón no estaba donde debía. El capítulo comienza con Naamán, general del ejército de Siria, un hombre poderoso y respetado, pero leproso. Al oír que en Israel había un profeta que podía sanarlo, viajó con grandes riquezas: plata, oro y vestidos, y se presentó ante Eliseo. Pero Eliseo ni siquiera salió a recibirlo; solo envió un mensaje: “Que debía lavarse siete veces en el Jordán” (v.9). Naamán se enojó (v.11). Pero finalmente obedeció y fue sanado: “su carne se volvió como la carne de un niño” (v.14). Agradecido, quiso recompensar al profeta, pero Eliseo se negó: “Vive Jehová… que no aceptaré nada” (v.16). El profeta entendía que la obra de Dios no se compra ni se negocia.

Entonces aparece Giezi y dice: “correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa” (v.20). Cuando alcanzó a Naamán, mintió diciendo que Eliseo necesitaba plata y vestidos para otros profetas. Naamán, generoso, le dio más de lo pedido. Giezi lo escondió y regresó como si nada hubiera pasado (v.24-25). No solo mintió, también pensó que nadie lo sabría.

Pero Eliseo le preguntó: “¿De dónde vienes, Giezi?” (v.25). Su pecado fue descubierto y el castigo fue que:“La lepra de Naamán se te pegará a ti… Y salió leproso, blanco como la nieve” (v.27).

Por eso Santiago advierte: “¡Llorad y aullad por las miserias que os vendrán!” (Santiago 5:1). Para ellos fue juicio; para nosotros es advertencia. La pregunta no es cuánto tenemos, sino dónde está nuestro corazón: ¿Estamos haciendo tesoros en la tierra o en el cielo? ¿Son las cosas eternas las que dirigen nuestra vida? La historia de Giezi ilustra exactamente la advertencia de Santiago 5:1. Porque él no era un hombre sin un conocimiento claro de la palabra de Dios, servía cerca de un profeta y conocía a Dios, pero su corazón se rindió ante la riqueza.

Por obtener algo temporal perdió algo mucho mayor. Así también Santiago advierte que el peligro no es solo tener dinero, sino permitir que el dinero gobierne el corazón y reemplace la confianza en Dios.Pastor, ¿Cómo podemos mantener un corazón centrado en Dios y no en las riquezas?


1. Que el tener posesiones o el carecer de ellas no corrompan tu integridad:

No sé qué tipo de necesidades económicas estés enfrentando, pero no permitas que las circunstancias afecten tu integridad. “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4.12-13.


2. Que el momento que ahora estas viviendo, no condicionen tu contentamiento:

¿Cómo podemos escapar de esta codicia que corrompe nuestros corazones? La respuesta es una sola: Estando satisfechos con lo que tenemos. Leer Habacuc 3.17-19

 
 
 

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