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Planes Que Se Evaporan

  • pandevidamcallen
  • 3 mar
  • 6 Min. de lectura

Dios nos ha creado con una gran capacidad para pensar, para organizar, y planificar nuestro camino. Sin embargo, en medio de esa planificación hay un peligro muy silencioso: podemos acostumbrarnos tanto a organizar nuestra vida que olvidamos quién realmente sostiene nuestra vida. Poco a poco comenzamos a planificar el futuro con seguridad, a asumir que tendremos el tiempo, la salud, y sin darnos cuenta dejamos de vivir dependiendo de Dios para empezar a vivir dependiendo de nuestras capacidad y recursos.

Usted puede ser un buen creyente, amar la iglesia y servir fielmente, y aun así, en la práctica diaria, Dios no participa en muchas de sus decisiones.

En otras palabras podemos oramos por lo grande, pero administramos lo cotidiano sin Él; decidimos dónde trabajar, cuánto gastar, qué comprar, dónde vivir y cómo criar a los hijos, y muchas veces Dios se entera después. El problema no es que sea un tipo de rebeldía abierta, el pecado se puede camuflar como autosuficiencia cotidiana. No negamos a Dios con nuestras palabras, pero lo desplazamos en la práctica; seguimos creyendo en Él, pero dejamos de consultarlo. Hablamos de lo que haremos, de dónde estaremos, de lo que alcanzaremos, y el Señor queda fuera de la conversación. Así, el futuro se convierte en un territorio que asumimos controlado, cuando en realidad es el lugar donde más evidente debería ser nuestra dependencia en Dios.

Por eso el pasaje de hoy, no es una reprensión contra la planificación, sino una corrección al corazón. Santiago no está prohibiendo hacer proyectos, está confrontando la confianza que ponemos en ellos. Él quiere llevarnos a recordar algo que fácilmente olvidamos: nuestra vida no es tan firme como pensamos, ni nuestro tiempo tan seguro como suponemos. El creyente no vive sin planes, pero tampoco vive sin Dios en sus planes. Santiago quiere que evitemos el peligro de caer en la arrogancia. Esa arrogancia que nos lleva a pensar que somos los dueños del tiempo, que podemos controlar las circunstancias y que podemos planear actividades sin contar con Dios.  Leer Santiago 4.13-14.


Tal vez algunas personas después de leer estos versículos dirían que eso es ser positivo, optimista, incluso hasta tener fe, en creer en ti mismo, en ser emprendedor; sin embargo, Santiago prefiere llamarle a eso arrogancia. Lo más terrible de esta declaración de Santiago es, que va dirigida a cristianos, no a personas que podamos identificar como materialistas. Estos versículo están dirigidos a cristianos que tienen planes, proyectos, objetivos, pero que realmente Dios no ha sido ni incluido dentro de sus planes, ni tomado en cuenta para conocer Su voluntad.

Santiago no se está dirigiendo a ateos, sino a cristianos que hablan de Dios, pero viven dependiendo de sí mismos. Y esto es importante que lo entendamos porque el corazón humano no necesita negar a Dios para apartarse de Dios, solo necesita sentirse autosuficiente. En otras palabras, el corazón empieza a decir: “esto lo tengo bajo control”, “esto no necesita oración”, y sin darnos cuenta Dios deja de ser Señor, para convertirse en un consejero ocasional. Entonces, buscamos a Dios cuando hay crisis, pero no cuando hay decisiones, lo buscamos cuando el plan se cae, pero no cuando el plan se hace.

Así que el error que Santiago quiere que evitemos no es la agenda, sino la seguridad falsa que la agenda produce, porque nos hace sentir dueños del tiempo, cuando en realidad ni siquiera somos dueños del próximo minuto. Santiago usa una imagen fuerte: somos neblina, no como una ofensa, sino como una realidad, porque cuando el hombre cree que controla su vida se olvida que el mañana esta fuera de su control. Pero cuando el creyente entiende que su vida está en manos de Dios, puede planear con humildad, trabajar con dependencia y soñar con la seguridad de que Dios lo estará guiando. El creyente maduro no deja de hacer planes, aprende a hacerlos de rodillas. Por lo tanto, dejar por fuera a Dios de nuestros planes, tiene un alto costo:


1. Los Planes se Pueden Evaporar:

“...no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece”. (v14). Santiago dice: “hermanos, ¿Como se atreven a planificar, a hacer proyectos, a fijarse una meta cuando ni siquiera saben lo que les va a suceder mañana?” Santiago nos recuerda que los seres humanos no solo somos frágiles; también lo son nuestras planes. Aquello que damos por seguro: un trabajo, una mudanza, un proyecto, una meta familiar puede cambiar en cuestión de días, horas o incluso minutos.

Lo que hoy vemos claro, mañana puede desaparecer sin previo aviso. Por eso Santiago usa la figura de la neblina, no únicamente para hablar de la brevedad de la vida, sino para mostrarnos lo incertidumbre del mañana. En otras palabras, no solamente nosotros somos pasajeros, también lo son nuestros proyectos. Los planes pueden evaporarse, y cuando eso ocurre descubrimos algo importante: nunca fueron realmente nuestros, siempre estuvieron bajo la voluntad de Dios.

Es la misma advertencia que nos hace Salomón: “No presumas hoy de lo que piensas hacer mañana; ¡nadie sabe lo que traerá el futuro!”. Proverbios 27.1 (TLA). El mensaje es muy claro, si la vida es impredecible, ¿Por qué no incorporar a Dios en nuestros planes? ¿Por qué no dejar que sea Dios quien dirija nuestros proyectos, trece la ruta de nuestros sueños? Porque los planes de un momento a otro nos pueden cambiar y si no estas preparado te vas a frustrar, te vas a enojar y en el peor de los escenarios, vas a señalar a Dios como el culpable.


2. Todo lo que logres acumular no te lo podrás llevar:

Necesitamos vivir conscientes de lo temporal y frágil que es nuestra vida. Con frecuencia olvidamos algo sencillo pero profundo: nuestra vida es breve. Llegamos a este mundo sin nada y un día partiremos sin llevarnos nada; por eso no podemos vivir como si el tiempo nos perteneciera, sino como administradores de los días que Dios nos concede. Leer Salmos 39-4-5.

Permítame hacerle una pregunta: ¿A qué te estas aferrando en este mundo? ¿En dónde está tu tesoro? ¿De qué cosas te dolería desprenderte? Pablo dice: “nada hemos traído a este mundo y nada podremos sacar”. 1 Timoteo 6:7, no está hablando solamente de las riquezas; está hablando de la verdadera condición humana. El ser humano pasa la vida acumulando, asegurando, construyendo y proyectando, como si pudiera establecer algo permanente aquí en la tierra.

Sin embargo, la Escritura nos recuerda una realidad que no solemos considerar: nuestra relación con este mundo es temporal. Entramos sin posesiones y saldremos sin posesiones, y eso revela que en realidad nunca fuimos dueños absolutos de nada, sino administradores por un tiempo. Por eso el problema no es poseer cosas, sino vivir como si las cosas fueran nuestra seguridad.

Entonces la enseñanza no es despreciar la vida presente ni abandonar las responsabilidades, sino cambiar la manera en que las valoramos. El creyente no vive despreocupadamente, pero tampoco vive confiado en lo terrenal; vive agradecido y dependiendo de todo en Dios. Planifica, trabaja y administra, pero entiende que su seguridad no está en lo que puede retener hoy, sino en Dios quien es su confianza absoluta. ¿Cómo lo hacemos?


3. Ten una perspectiva correcta de la vida:

Con mucha frecuencia vemos el futuro como algo seguro y controlable; hablamos del mañana con confianza, hacemos planes y asumimos que tendremos el tiempo necesario para cumplirlos. Pero el apóstol nos recuerda dos realidades que solemos olvidar. (1) nuestro futuro está lleno de incertidumbre: “No sabéis lo de mañana”; (2) lo único seguro es que no estaremos aquí por mucho tiempo, “Sois neblina que por un poco de tiempo aparece y luego se desvanece”. En cuanto a la primera idea, todos sabemos que de un momento a otro la economía cambia, las crisis vienen de repente, y de un momento a otro una enfermedad se puede presentar, y en el peor de los casos la muerte nos puede visitar.

Y en cuanto a la segunda idea, las Escrituras una y otra vez nos advierten de la brevedad de la vida: Leer Salmo 103:15–16.


Santiago no nos está enseñando a vivir con temor al mañana, sino con dependencia de Dios. El problema no es hacer planes, sino hacerlos como si nuestra vida nos perteneciera. El mañana no está en nuestras manos, pero sí está en las manos del Señor, nada nos debería angustiar. Por eso la respuesta bíblica no es dejar de planear, sino aprender a decir de corazón: “si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

Cuando entendemos que nuestra vida es breve y nuestro futuro es incierto, entonces dejamos de confiar en nuestra capacidad y comenzamos a descansar en la voluntad de Dios. El creyente maduro no vive sin planes, vive sometiendo sus planes al Señor, sabiendo que el mejor lugar para su futuro no es su propia seguridad, sino la voluntad perfecta de Dios.

 
 
 

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