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No Hables Mal De Mi

  • pandevidamcallen
  • 10 feb
  • 6 Min. de lectura

Hay una frase que dice: “Si quieres conocer a una persona no escuches lo que los demás dicen de ella, escucha lo que ella dice de los demás”.  Esta frase nos recuerda que nuestras palabras revelan más que una opinión, nos revela el corazón de la persona que  habla. Muchas veces pensamos que lo que decimos es solo una opinión, un comentario o una reacción, pero la Biblia nos enseña que nuestras palabras son un reflejo de lo que llevamos dentro. Cristo así lo dice: “De la abundancia del corazón habla la boca.” Mateo 12:34.

Por eso, hoy no vamos a enfocarnos en señalar a otros, sino en examinarnos a nosotros mismos. ¿Qué revelan nuestras conversaciones? ¿Edifican o destruyen? ¿Honran a Dios, o solo expresan lo que sentimos en el momento? Por eso debemos seguir el modelo de Cristo, pues no solo sus acciones, sino también sus palabras —e incluso su silencio— revelaron quién era verdaderamente, especialmente en medio de la hostilidad y la confrontación. “Cristo no cometió ningún pecado, ni hubo engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando sufría, no amenazaba, sino que remitía su causa al que juzga con justicia”. 1 Pedro 2.22-23 (RVC).


Y precisamente Santiago nos dice: “Hermanos, no hablen mal unos de otros”. Porque este pequeño órgano llamado lengua, tiene todo el potencial a su alcance para destruir todo lo que se le cruce por su camino. Un simple comentario tiene el potencial de destruir matrimonios, la vida de los hijos, destruye los lazos más fuertes de amistad, y sin lugar a dudas que el no usar correctamente nuestras palabras destruyen la armonía, la unidad, el compañerismo y la comunión dentro de una congregación. Tristemente muchos no se han dado por enterados, que una opinión fuera de lugar, una crítica mal intencionada, un señalamiento sin gracia puede destruir, dañar y arruinar por completo la vida de una persona. Y eso sucede muchas veces porque no tenemos esa capacidad para medir el peso de lo que decimos.  

Pero hoy, Santiago nos desafía a revisar nuestro corazón y nuestra manera de hablar, porque una fe autentica también se nota en cómo tratamos a los demás con nuestras palabras. En Santiago 4:10–11, el apóstol une dos temas que van de la mano: el sometimiento a Dios y la manera en que hablamos de los demás. Santiago nos muestra que no podemos decir que nos humillamos ante Dios mientras usamos nuestras palabras para juzgar, criticar o menospreciar a nuestros hermanos. Por esa razón hace una pregunta directa: “¿Quién eres tú para juzgar a tu prójimo?”. Y lo primero que vamos a considerar es:


1. La Razón De La Prohibición

hermanos no hablen mal los unos de los otros”.  Recordemos que como un cáncer agresivo Santiago tuvo que señalar a su iglesia de permitir los conflictos, egoísmo, la avaricia, la discriminación entre ricos y pobres. Esa es la razón del porque Santiago es enérgico y comienza con una prohibición y como una contramedida para frenar todos estos males de la iglesia. Así que Santiago se para firme y les dice: “ya no más murmuraciones, ya no más chismes, ya no más intrigas”, Santiago les dice: “les prohíbo hablar mal entre ustedes”. Porque él entiende que una iglesia se puede destruir por cosas tan pequeñas como un chisme, un mal comentario, una crítica dañina, esa es la razón de su prohibición.

Salomón nos recuerda una gran verdad:“El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos”. Proverbios 16.27-28. Aquí podemos cambiar la frase: “amigos” por esposos, familia, compañeros, hermanos, etc. Y el resultado es el mismo: división, dolor, separación, enemistad, rencillas.

Pastor, ¿Qué tengo que hacer para no participar de esta conducta destructiva? “El chismoso cuenta los secretos; no te juntes con el que habla de más.”. Proverbios 20.19 (NBV) Salomón dice: no estés cerca, no tengas amistad con una persona que trata ligeramente la reputación de los demás, no tengas cercanía con alguien que te venga a traer un chisme. ¿Por qué? Porque terminarás enterándote de cosas que no deberías haberte enterado, porque se dañará tu corazón, te enojarás, te traerá un disgusto innecesario, te robará la paz, y porque muy probablemente tú mismo terminarás siendo víctima de esa lengua chismosa.  O ¿Es que tu no piensas que aquel que está hablando mal de otro no hablara mal de ti?  Salomón advierte: “No te juntes”, porque tu alma, tu corazón y aun tu reputación pueden verse afectados; por eso, evita entablar amistad con personas dadas al chisme.

Cuando Santiago dice: “no hablen mal” en el griego es una sola palabra: Katalaleo. Que implica múltiples males del habla. Por lo tanto, esta prohibición tiene que ver cuando en lo oculto o en  publico se habla mal del hermano. Y esto sucede cuando se señala los errores, las faltas, los pecados, y se divulga información que a lo menos debería de estar guardada frente a personas que no deberían ser involucradas.

Katalaleo se refiere también a quedarse callado de manera envidiosa por las cosas buenas que tiene o que hace la otra persona. Pero hay algo más interesante de esta palabra, porque no solo se centra en la persona que habla mal del otro. Sino también, de la persona que sabiendo el mal que se está diciendo, decide abrir sus oídos para escucharlo. Alguien dijo: “el chismoso lleva al diablo en la lengua y el que lo escucha en sus oídos.” En palabras sencillas, no solo peca el que está hablando mal del hermano, peca el que abre sus oídos para escucharlo.

Escuchen lo peligroso y destructivo del mal uso de las palabras: “De todas las partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende”. Santiago 3.6. Por lo tanto, la preocupación para Santiago y que además debe de ser nuestra ocupación, es que no permitamos todos estos males del habla, porque hablar mal es una característica distintiva de una sociedad enferma y sin Dios. Para el apóstol Pablo es la evidencia de una sociedad que ha rechazado a Dios y se complace de los más bajos actos de pecado. “Hablan mal de los demás con mentiras; son enemigos de Dios, insolentes, engreídos, vanidosos; inventan nuevas formas de pecar y continuamente desobedecen a sus padres”. Romanos 1.30 (NBV). Para el apóstol Pedro el hablar mal de otros es una característica evidente de quienes persiguen a la iglesia: “Pero cuando respondan, háganlo con humildad y respeto, manteniendo una conciencia limpia. Así, los que hablan mal de su buena conducta en Cristo sentirán vergüenza por haberlos criticado”.  1 Pedro 3.16.

Así que la conclusión es una sola: Si usted dice ser creyente en Cristo y un hijo de Dios, pero está hablando mal de otra persona, el mensaje es que usted se está identificando con una sociedad enemiga de Dios y enemiga de la iglesia de Cristo. Si usted lee todo el capítulo 4 notara que Santiago les llama a su iglesia: Adúlteros, pecadores, e hipócritas. Pero ahora, les vuelve a llamar hermanos, y de hecho lo hace no solo una vez sino tres veces en el mismo versículo 11. La razón de esto es porque nos quiere recordar quienes somos en Cristo. Somos una familia, somos hermanos, nos une el mismo Señor, nos une el mismo Salvador, nos une el mismo Dios y Padre.

Cuando hablamos mal de un hermano, no estamos dando una simple opinión; estamos atacando a nuestra propia familia espiritual. En lugar de edificar, destruimos; en vez de unir, dividimos. Esa actitud no debe de estar presente en quienes viven bajo la gracia.

Así que lo que Santiago denuncia no es un pecado pequeño, es una señal de un corazón que ha olvidado lo que significa vivir como familia en Cristo.

Pastor, ¿Cómo evitar la tentación de hablar mal de mi hermano?


1. Piensa Antes de Hablar:

Muchas personas tienen problemas con su boca porque hablan primero y piensan después. “El corazón del justo piensa para responder; Mas la boca de los impíos derrama malas cosas” Proverbios 15.28. Tenemos que preguntarnos antes de hablar: ¿Es necesario que yo diga esto? ¿Es edificante? ¿Lo diría Cristo si estuviera en mi lugar?


2. Elige Con Sabiduría Siempre Tus Palabras:

Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que ustedes tengan la respuesta adecuada para cada persona”. Colosenses 4.6 (NTV).

Para elegir correctamente nuestras palabras tenemos que hacernos las preguntas correctas:

• ¿Qué bien hace este comentario a la otra persona?

• ¿Qué bien me hace a mí comentar esto?

• ¿De qué forma esto mejora mi relación con Dios?

• ¿Qué Gloria trae a Dios el que yo comparta esta información?

 
 
 

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