QUITATE LOS GUANTES
- pandevidamcallen
- 28 nov 2025
- 6 Min. de lectura

Permítanme mencionar algunas situaciones difíciles, y conforme las vaya mencionando, piense en los posibles lugares donde están sucediendo estas cosas tan terribles: Guerras, conflicto, violencia, egoísmos, avaricia, codicia, conflictos raciales, discriminación, abusos, conflictos económicos, y muerte. ¿En qué lugar están sucediendo todos estos conflictos? Bueno, aunque usted se sorprenda, son situaciones que se estaban viviendo en la iglesia del apóstol Santiago. No se sorprenda porque si hay algo que vemos cuando leemos el Nuevo Testamento es, que antes de pensar en la iglesia como un entorno perfecto, sin conflicto y sin errores, Santiago nos dice lo contrario.
Entramos a un nuevo capítulo en nuestro estudio, pero la relación con el ultimo versículo del capítulo 3, es muy exacto, porque donde no está la sabiduría de Dios, el lamentable resultado es: “el caos”. Y ahora en el capítulo 4, el apóstol nos enseña que estas “guerras y contiendas” no son más que la manifestación de nuestra carne, de malas intenciones y de no poner en práctica la sabiduría que viene de Dios.
1. La Fuente de los conflictos en la Iglesia:
“¿Qué provoca las guerras y los pleitos entre ustedes?”. (v.1a). No importa en el idioma en que usted lo lea, la palabra guerra significa lo mismo: Destrucción, ruina, daño, desgracia, y muerte. Y Santiago la está utilizando debido a las tensiones y los conflictos que se estaban dando entre los miembros de la iglesia. Las palabras guerras y pleitos, nos hablan de una situación que había escalado muy fuerte. Las guerras son eventos de larga duración, mientras que los pleitos son conflictos cortos, y temporales.
Y desafortunadamente en la iglesia nos encontramos con ambas situaciones. Santiago no quiere tapar el sol con un dedo y nos habla de una realidad que sucede dentro de la iglesia aquí y en la Patagonia: Dentro de la iglesia existen conflictos que pasan los días, pasan los meses, pasan los años y siguen sin tratarse, ni solucionarse. Enemistades que han surgido debido a diferencias de opinión, debido al temperamento, debido a que no se usaron las palabras adecuadas y han permanecido sin resolverse; están ahí, bajo la superficie, y que ocasionalmente se activan como lo hace un volcán en erupción.
Pero también en la iglesia surgen los conflictos, estallidos esporádicos de agresión y antagonismo por algo que se dijo, por la forma en que se dijo, o porque no se dijo.
El panorama es muy lamentable porque se esta dando en un lugar donde debiera de reinar el cariño, la amabilidad, el respeto, el amor, la humildad, la unidad en Cristo, la armonía y la paz. Pastor, ¿Cuál fue el detonante de esta lamentable situación dentro de la iglesia? Que habían palabras de halago para los ricos y poderosos que visitaban la congregación, y palabras de desprecio para los pobres (2:2–3). A los hermanos en necesidad hipócritamente les decían: “Que Dios te bendiga”, pero sin ninguna intención de prestarles ayuda (2:15–16). Dentro de la iglesia había chismes, habladurías, mentiras, engaños, palabras deshonestas, algunos después de bendecir a Dios, se dedicaban a hablar mal de los demás (3:9). Además, muchos estaban persiguiendo una sabiduría meramente terrenal, humana e incluso diabólica.
Aun en los momentos de oración, se escuchaban peticiones que no eran otra cosa que el reflejo de ambiciones egoístas; oraban no para buscar la voluntad de Dios, sino para satisfacer sus propios deseos. (4:3). Y algunos murmuraban contra otros (4:11); Habían cristianos que se jactaban de sus futuros proyectos comerciales (4:13); otros criticaban a los demás (5:9). Siendo honestos, que levante la mano ¿Quién quisiera ser miembro de una iglesia así?
El desafío de Santiago para nosotros es clave: no importa tú lugar dentro de la estructura de la iglesia a la que pertenezcas, debemos estar procurando la unidad y no la división de la iglesia, porque podemos ser piedra de tropiezo para nuestros hermanos.
Cristo dijo: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Mateo 18.6.
Jesús nos deja una advertencia que no podemos ignorar: si alguien provoca que uno de Sus pequeños tropiece—si lo empuja hacia el pecado, lo aparta de la verdad, debilita su fe o frena su crecimiento espiritual—se hace merecedor de un castigo severísimo. Para Dios, hacer caer a uno de Sus hijos no es un error menor… es una ofensa grave que Él mismo juzgará con dureza. El mensaje de Cristo es claro: Cuídate de no hacer tropezar a uno de aquellos por quien Cristo vino a este mundo a dar Su vida, a derramar Su sangre, cuídate de no hacer tropezar a uno por los que Cristo murió en la cruz del calvario.
2. Reconociendo El Origen De Los Problemas:
“¿De dónde vienen todos los conflictos y peleas que hay entre ustedes? Vienen de ustedes mismos, de sus deseos egoístas que siempre están librando una guerra en su interior”. (4.1b). Directo y sin rodeos, Santiago señala cual es el causante de los conflictos en el matrimonio, dentro de la familia, en el trabajo, pero principalmente dentro y fuera de la iglesia: “las pasiones”. Santiago dice: no busquemos otro culpable fuera de ti, no busques excusas fuera de ti; no busques un chivo expiatorio a quién culpar fuera de ti, seamos honestos, nosotros somos los culpables.
Ahora, lo que yo veo en este versículo es que el daño es doble, porque estas pasiones, además de dañar a la iglesia de Cristo, nos daña a nosotros mismos. Esos “deseos egoístas que siempre están librando una guerra en su interior”. Y es así, porque cuando no estamos bien con nuestro hermano, nuestro corazón pierde la libertad para adorar plenamente a Dios, y al final somos nosotros quienes salimos perdiendo; si no has restaurado esa relación con tu hermano, esa oración que elevas a Dios no traspasará el techo de la iglesia y eso, te perjudica a ti. Y no importa que estes en el lugar correcto, en el ambiente correcto, adorando al Dios correcto, donde se predica correctamente la palabra, ese conflicto te impedirá que recibas la palabra, y que la palabra produzca cambios efectivos en tu vida. Si estas enojado, resentido, amargado, distanciado de tu hermano, el Espíritu Santo que se encarga de guiar tu vida y ayudarte en tu crecimiento, con esas actitudes lo entristecemos, y el perjudicado sigues siendo tu. Por lo tanto, ¡Es urgente que como cristianos seamos sinceros y reconozcamos no solo que tenemos un problema, sino trabajar para solucionar los problemas!
3. La Desconexión Con Dios:
“Ustedes desean las cosas, pero no las consiguen. Su envidia puede llegar hasta el extremo de matar y aun así no consiguen lo que quieren. Por eso discuten y pelean. No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios”. (v.2) Todo ese potencial de daño según Santiago es de triple acción: Daña a quién lo expresa, daña a quién lo recibe y daña nuestra relación con Dios. Santiago dice: “No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios”.
El error que señala Santiago es que cuando oramos lo hacemos de la manera incorrecta, porque la oración se convierte en una herramienta egoísta donde buscamos es hacer nuestra voluntad y no la voluntad de Dios. “Y cuando le piden a Dios no reciben nada porque la razón por la que piden es mala, para poder gastar en sus propios placeres”. La advertencia es directa: Cuidado de utilizar la oración como un vehículo para expresar nuestros deseos egoístas.
¿Qué debemos de hacer para prevenir que estos mismos problemas en la iglesia de Santiago, nos suceda aquí en Pan de Vida?
1. Reconcíliate Inmediatamente:
“»Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Mateo 5:23-24 (NBLA) Jesús nos advierte de un error al creer: “Bueno, a fin de cuentas, estoy en la iglesia, sirviendo en la iglesia, cantando en la iglesia; yo ayudo a mi iglesia; Pero mientras tanto, no sanamos el resentimiento que sentimos hacia otra persona. Tratamos de equilibrar la balanza con activismo evangélico, eso no es lo que Dios nos ha pedido hacer. Por esa razón, el Señor nos dice que es tan importante la reconciliación que, deberíamos detenernos de lo que estamos haciendo para solucionar el problema y reconciliarnos con la persona ofendida.
2. Permite que ese conflicto se convierta en una oportunidad:
En Santiago 1:2–4 nos enseña que las pruebas no son obstáculos sin sentido, sino oportunidades que Dios usa para hacernos crecer. La mayoría de las personas ve el conflicto como algo que debe evitarse —y en cierto sentido es comprensible—, pero cuando el conflicto llega, también se convierte en una prueba que puede moldearnos de maneras extraordinarias. Santiago afirma que, aunque el conflicto nunca es agradable, sí puede ser una plataforma para crecer en paciencia, humildad y gracia. Por eso, en lugar de traer división, deberíamos verlo como una oportunidad que Dios utiliza para formarnos a la imagen de Cristo.
Preguntas para reflexionar
¿Cómo podemos identificar cuando un conflicto externo en realidad refleja una batalla interna en el corazón?
¿Cómo distinguimos entre pedir algo por necesidad y pedir movidos por deseos personales?
¿Cómo se transformarían nuestros conflictos si priorizáramos buscar al Señor antes de reaccionar con violencia?
¿Qué actitudes internas podrían estar robándonos la capacidad de vivir en paz con Dios y con los demás?



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